CUANDO éramos chicos esta noche se nos hacía inmensa. No lo sabíamos, pero los Reyes salían cada día al alba del cuarto de al lado para, a mitad de diciembre, guardar la magia en el fondo de su armario o en la cochera. Cuando éramos chicos nos portábamos bien al menos 364 días porque la amenaza del carbón se cernía negra y amarga. Sólo la fecha del cumpleaños nos iba a dar otra oportunidad de conseguir el Baby Feber o la Barbie, a mis hermanos el Scalextric o el fuerte de Playmobil. Cuando éramos chicos, los milenials (tampoco sabíamos lo que era) no entendíamos de juguetes sexistas, mucho menos mi Melchor, Gaspar y Baltasar, que todavía hoy, octogenarios, se siguen...
Ver Más