Hemos quitado al Gigliotti de en medio y le hemos mangado este espacio suyo, ya vemos la Giralda de lejos y esa torre que es un gran tubo. Queríamos escribirles a los que nos escriben, dejaros esta carta en el buzón de vuestro cielo, queríamos volver a echar el ancla en vuestra nube para llenarla otra vez de caramelos. Vienen tirados los camellos, ellos, que nunca tienen prisa, persiguiendo como chalados a la estrella de lo bello, loquitos por hacer noche en el María Luisa. A mí me ha entrado la risa, Gaspar viene cagado de miedo, Baltasar ha cambiado la ofrenda de la mirra por matitas de Romero. Anda contando no sé qué de un torero, pero no es...
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