Durante meses, Donald Trump dio a creer que su campaña de presión a Nicolás Maduro tenía que ver ante todo con dos asuntos: el narcotráfico y la inmigración masiva. Había que tumbar al dictador venezolano porque la Administración Trump le considera un capo de la droga que ha llenado de cocaína -aunque llega poca desde las costas venezolanas- y del mortífero fentanilo -que no viene desde allá- los barrios de EE.UU. Y también porque Venezuela «ha vaciado sus cárceles y sus manicomios» para enviar a lo peor de su país a EE.UU. , camuflados como inmigrantes indocumentados en busca de asilo (es cierto que se disparó el número de venezolanos que emigraron a EE.UU., en especial por la crisis política...
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