Las petroleras de EE UU se frotan las manos con los planes de Trump en Venezuela y se disparan en bolsa
Los planes anunciados por la Administración de Donald Trump para reconstruir la industria petrolífera venezolana desataron ayer la euforia de los inversores. Los títulos de compañías estadounidenses del sector como Halliburton, Schlumberger se disparaban en bolsa al filo de las 17.00 horas por encima del 8%, mientras que las de otras compañías como ConocoPhillips, ExxonMobile o Chevron también registraron avances, aunque algo más modestos.
En España, Repsol, que tiene actividad en Venezuela, sobre todo en la extracción de gas, avanza más de un 2% muy próxima ya a cerrar la sesión.
En declaraciones a la prensa tras la operación en la que tropas estadounidenses capturaron a Nicolás Maduro, el inquilino de la Casa Blanca dejó claro que Estados Unidos está ahora «a cargo» de Venezuela, asegurando como una de sus prioridades «reconstruir» el país, especialmente su industria petrolera, sobre la que reclamó un «acceso total».
Trump lamentó que Venezuela haya estado «pésimamente administrada» y que «el petróleo fluye a un nivel muy bajo», apuntando, para revertir la situación, a «grandes inversiones de las compañías petroleras para recuperar la infraestructura», para lo que «las empresas están listas para entrar».
En declaraciones posteriores, el secretario de Estado de EE UU, Marco Rubio, especificó que uno de los principales intereses de su Administración es refinar el crudo pesado de Venezuela, el país con mayores reservas de petróleo del mundo, según la OPEP, en las refinerías estadounidenses.
«Nuestras refinerías en la Costa del Golfo de EE UU son las mejores para refinar este crudo pesado. De hecho, ha habido escasez de crudo pesado en todo el mundo, por lo que creo que habría una enorme demanda e interés por parte de la industria privada si se les diera la oportunidad de hacerlo», explicó en ABC News.
El crudo venezolano presenta una serie de características que lo hacen difícil de refinar y transportar: es muy pesado, con alta densidad y contenido de azufre, y requiere un procesamiento adicional para diluirlo o refinarlo en instalaciones especializadas.
Venezuela dispone de diversos tipos de crudo: extrapesado, pesado, mediano y liviano, lo que confiere al país un gran potencial para satisfacer las demandas del mercado internacional.
Aunque es un petróleo de «mala calidad», representa el 17,5 % de las reservas mundiales: unos 303.000 millones de barriles, según los datos del Boletín Estadístico Anual de la OPEP de 2024.
Las mayores reservas se concentran en la Faja del Orinoco, donde existen grandes depósitos de crudo pesado y extrapesado que está enterrado a mayor profundidad.
Difícil de procesar
Sin embargo, es difícil de transportar porque en su mayor parte es un crudo muy pesado que tiene un alto contenido de azufre, lo que corroe tuberías metálicas y dificulta su manejo.
Este petróleo necesita un procesamiento para tener una calidad transportable y refinable, un proceso que eleva los costes y requiere de una infraestructura que esté en condiciones.
Sin embargo, según indica a EFE el profesor de EAE Business School Javier Rivas, la infraestructura del país está muy deteriorada y ya en 2023 se calculaba que era necesaria una inversión de 250.000 millones de dólares para adecuarla y que la producción volviera a los 3 millones de barriles.
Aunque hasta los años noventa estas infraestructuras eran muy avanzadas, con el chavismo y la nacionalización de la industria quedaron obsoletas y sin capacidad de refinado o de realizar labores de procesamiento que permitan su traslado.
Rivas considera que ahora se abren dos escenario: o se repara la infraestructura petrolera del país a medio y largo plazo, o se lleva este petróleo en buques especializados a Florida (Estados Unidos), que tiene capacidad de refino, una opción que no sería deseable para Venezuela.
El aprovisionamiento mundial de crudo pesado no sería, sin embargo, el único objetivo que persigue EE UU controlando la industria petrolífera venezolana. Aunque Marco Rubio aseguró que el país no necesita el crudo venezolano –«tenemos petróleo de sobra», declaró–, añadió también que Washington no quiere permitir que «la industria petrolera de Venezuela esté controlada por los adversarios de Estados Unidos» como China, Rusia e Irán.