No era un cineasta popular, nunca arrasó en las taquillas y el público jamás hizo cola para ver sus películas: Béla Tarr, húngaro, recién fallecido, director de mirada penetrante y, en cierto modo, inquietante, era a pesar de todo el más grande (o al menos, singular, único) de los directores europeos, con una obra corta, exigua, poco más de media docena de películas que ni tenían ni han dejado escuela, pero que componen la filmografía más redonda de finales del siglo XX y todo el siglo XXI. Su primera gran y grande obra, 'Sátántangó' tiene una difícil, casi imposible, traducción a los canales asumibles para un espectador de cine, por su duración (siete horas y media) y por su propuesta...
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