Chavitrumpismo, una nueva alianza autoritaria
Maduro ha sido capturado por los Estados Unidos, en una misión que deja grandes interrogantes. ¿Cómo pueden helicópteros norteamericanos ingresar en espacio aéreo venezolano y sobrevolar la base militar más importante sin encontrar grandes resistencias? Todo apunta a una participación del más alto nivel político chavista. Las declaraciones del Presidente Donald Trump dejan pocas dudas. El Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y la Vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez, se han mantenido en contacto.
La captura de Maduro parece bastar al presidente norteamericano para decretar el desmantelamiento del llamado "Cartel de los Soles", por lo que no considera necesario emprender nuevas acciones. No obstante, no se ha retirado sin antes colgar una espada del techo. Un recordatorio permanente para la élite chavista: si es necesario "estamos preparados para una segunda ola de ataques".
Tampoco se ha retirado por completo. Trump ha afirmado que los Estados Unidos dirigirá Venezuela hasta que se "complete una transición segura, apropiada y juiciosa". ¿Cómo piensa gobernar Venezuela? ¿Dispone de recursos para hacerlo? La apuesta norteamericana es que el chavismo dirija la transición.
La oposición venezolana no desempeña rol alguno y la ganadora del Nobel de la Paz, María Corina Machado, fue descartada por el líder norteamericano por carecer del respeto y apoyo necesario dentro del país. La secuencia es lineal: la transición será liderada por Delcy, supervisada por Marco, y orientada a satisfacer las demandas de Donald.
La preocupación de Trump es respeto y apoyo interno para garantizar estabilidad. La democracia no forma parte de su vocabulario. Tampoco las palabras elecciones, Estado de derecho o constitución. ¿Tiene Delcy Rodríguez el respeto y apoyo para liderar la transición? ¿cuáles son los principales retos en su camino?, y ¿tiene realmente la intención de generar estabilidad o solo aspira a ganar tiempo y mantener el poder?
La principal variable de los escenarios políticos es la diversidad de actores chavistas. ¿Cómo reaccionarán, cuáles son sus intereses y cuáles sus recursos de poder? Los escenarios políticos que se desprenden del análisis a partir de estas preguntas varían entre dos polos opuestos: cohesión chavista vs. lucha por el poder.
Chavitrumpismo
En el escenario cohesión interna, el alto mando político chavista asume de forma colectiva el poder con Delcy Rodríguez como cabeza. Usan la Constitución como referencia nominal para transitar la crisis. Los radicales se contienen y minimizan sus demandas. Quienes se oponen son neutralizados, quizás con apoyo de los Estados Unidos.
Mención especial merecen los líderes chavistas sancionados y acusados de narcotráfico. Son ellos los principales sospechosos de levantarse en contra de cualquier cambio, por cosmético que sea. En segundo lugar, se encuentran los grupos armados. El escenario de cohesión demanda cierto conflicto. Si todas las amenazas son rápidamente neutralizadas, un líder con respeto y apoyo interno es innecesario. Por ello, este escenario requiere niveles de conflicto que sólo el chavismo pueda contener, y con ello, justificar en el imaginario trumpista su imprescindibilidad.
Este escenario da vida a un nuevo modelo político: El chavitrumpismo, una conveniente alianza entre el chavismo y el trumpismo en la que se intercambia continuidad por sumisión y petróleo por poder. Nada de esto implica que en este escenario no se registren algunos avances en materia política y económica. Pero no se trata de una democratización, sino un nuevo equilibrio autoritario con estabilidad económica producto de la alianza con los Estados Unidos.
Este escenario es si el chavismo no logra superar la mutua desconfianza generada por la traición que entregó al hijo predilecto de Chávez. Apaciguar los ánimos sin olvidar la afilada espada que pende sobre sus cabezas de una crin de caballo.
Caos unleash
Al polo opuesto se encuentra el escenario del caos. La recién juramentada presidenta no logra contener el radicalismo chavista. Las expectativas se desatan y la mutua desconfianza vence. La alianza cívico-militar-policial se quiebra. Entre las infinitas islas que componen el archipiélago chavista, dos facciones reclaman el poder. De un lado, los militares, del otro, los civiles. No parece casual que hayan sido el ministro de defensa y el ministro de interior los primeros en aparecer tras los ataques.
En la lucha por el poder entre ambos, el primer obstáculo es la Presidenta encargada, que se convierte en el primer objetivo. Delcy, Judas, la traidora que entregó al hijo de Chávez. Puesto que ninguna de las facciones dispondría de vías legales para acceder y mantener el poder, implicaría necesariamente una ruptura del hilo constitucional chavista. Vacío de poder.
Pero los grupos en disputa tendrían otro enemigo común. El antinorteamericanismo es la lengua de la legitimación, y la persecución de traidores podría transformarse en la ruta al poder. Se trata de un escenario de completa inestabilidad, donde los enfrentamientos transforman la capital en un campo de batalla. La participación norteamericana sería limitada. Sería un escenario de lucha "no convencional" de desenlace incierto pero costoso.
La legitimación del liderazgo de Delcy Rodríguez por parte del Presidente Trump, desconoció los resultados de las elecciones presidenciales de 2024 y el liderazgo de María Corina Machado y de Edmundo González Urrutia. Junto a ellos, la democracia tendrá que buscar otra puerta de entrada.
Orden, estabilidad y los intereses norteamericanos preceden la democracia en el discurso del 47. Las fuerzas opositoras no son garantía de estabilidad ni están en el país a los ojos de la administración de Trump, quedando anulados durante el primer episodio de la transición.
El discurso opositor de la Narcodictadura terminó siendo más funcional a la alianza chavitrumpista que a la oposición. Al criminalizar la política sacó del juego a los actores políticos opositores, desprestigió a los políticos que intentaban hacer política en Venezuela y llevó al exilio o a la cárcel a quienes decidieron no hacerlo. Para poder aspirar al poder, la oposición tendrá que demostrar su capacidad política dentro de Venezuela, presentarse como una fuerza capaz de garantizar una transición estable y ofrecer un camino creíble hacia la reconciliación nacional.
No luce sencillo desmontar su propio discurso, pero vale la pena intentarlo. La política, y no sólo venezolana, demanda un discurso radicalmente democrático incluyente, frente a tantos populismos excluyentes autoritarios y su nueva expresión: el chavitrumpismo.