Fue un referente del fútbol base, una persona extraordinaria y entrañable y un sensacional presidente de la
Damm durante 50 años.
Josep Barcons fue el retrato robot de ese específico apelativo de “gente de fútbol”, los futboleros, ese tipo de personas que saben a los diez minutos como irá un partido, que ponen por delante la amistad al negocio, el campo al despacho, el trato cercano a la indiferencia y elevan el juego porque toda su vida han vivido con valores. Y los trasladan, como Josep hizo con su familia, con su club, con sus amigos.
Barcons estaba satisfecho si su equipo ganaba, pero muchísimo más si los jugadores que vestían la camiseta de la
Damm habían sido ejemplares, daban la mano al adversario y se comportaban con educación. Le costó entender que apenas niños ya tuvieran representantes o que había que cobrar los derechos de formación, pero desplegó siempre una franca sonrisa de hombre leal, directo y cercano. Un crack, como pocos.
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