Nunca comprendí las coreografías de plató, o de cumpleaños, y eso que milito en la generación de haber visto mucho al ballet Zoom, en la tele, bajo el trajín diabólico de Valerio Lazarov. Igual no entiendo las coreografías precisamente por eso. Yo no sé nunca qué quieren explicarme, con tanto aspaviento de cronómetro, con tanto zigzag de caritas asombradas. Otra cosa es la danza, donde vive la imaginación del cuerpo. Pero no me despisto. Voy a lo que iba. O sea, que ha llegado Donald Trump y ha colocado otra coreografía más de las que él se gasta, entre el imitador de un reúma de sí mismo y un aleteo de señorón que anda rehabilitando un codo, o yo qué...
Ver Más