Frente a la verborrea jactanciosa de Trump y sus maneras a lo Teddy Roosevelt, la batucada habitual de la izquierda patria se apresura a presentarse como adalid del derecho internacional, guardiana de la legalidad y custodio de los valores democráticos universales. Resulta enternecedor si no fuera de un cinismo obsceno. Es exactamente ese derecho internacional el que les importó un carajo, dicho con son caribeño, cuando Maduro y su banda de forajidos se limpiaron los bajos en la voluntad del pueblo venezolano expresada en las urnas. Entonces, entre tibios calculadores, fanáticos ideológicos y mercaderes del dolor ajeno, confeccionaron el traje a medida con el que uniformaron un discurso sencillamente vomitivo. Un relato útil para blanquear a Maduro y sus tropelías,...
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