Una trabajadora asegura que la gente no quiere trabajar en hostelería por culpa de la mentalidad de los clientes: "No siempre tienen la razón"
Mari Luz Herrera ha expresado en un vídeo de TikTok la frustración acumulada por años de trato irrespetuoso por parte de algunos clientes, un fenómeno que, según ella, está alejando a las personas de la hostelería, en su desahogo, cuestiona radicalmente el dogma de que "el cliente siempre tiene la razón", argumentando que esta mentalidad sitúa a los empleados en una posición de desventaja constante y fomenta actitudes de menosprecio.
Herrera describe su jornada laboral como una montaña rusa emocional, donde la amabilidad de unos clientes choca con la falta de respeto de otros, obligando a los trabajadores a contener sus respuestas para no perder su empleo.
La trabajadora señala con especial dureza el impacto de las reseñas falsas o distorsionadas en plataformas como Google o TripAdvisor. Según su testimonio, muchos clientes utilizan estas herramientas para dañar la reputación de un establecimiento con comentarios inexactos, creando un "universo paralelo" de quejas.
Esta situación genera una presión añadida, ya que algunos empresarios priorizan estas críticas, lo que deja al trabajador indefenso ante acusaciones injustas y perpetúa un círculo vicioso de estrés e impotencia.
El peso de las reseñas falsas y la presión psicológica
Más allá de los conflictos puntuales, Herrera pone el foco en el daño psicológico que esta dinámica causa en los profesionales. "Hacéis que gente que está haciendo su trabajo… se sienta una mierda", afirma en el vídeo, subrayando la sensación de impotencia por no poder responder a las faltas de educación.
Esta carga emocional, unida a factores estructurales ya conocidos como los bajos salarios y las largas jornadas, está provocando, a su juicio, una auténtica crisis vocacional en la hostelería.
La trabajadora concluye su intervención con una afirmación contundente: "por eso la gente no quiere trabajar en hostelería".
Su mensaje, que define como algo que "tenía que decir", resuena como el desahogo colectivo de miles de empleados del sector que se enfrentan a diario no solo al desgaste físico, sino a la erosión de su dignidad profesional por parte de una minoría de clientes que confunde el acto de pagar por un servicio con un derecho a humillar.