DEDICARSE al servicio público es un arma de doble filo. La decadencia de la clase política ha generado un desapego que condena de facto a los que entienden este trabajo como una vocación. La corrupción, las puertas giratorias o el lenguaje soez han pervertido una profesión que antes era admirada por la gente. Ya nadie quiere ser como el político que sale en la tele, porque la mayoría ha dejado de ser un espejo en el que mirarnos para convertirse en un ejemplo de lo que nunca debemos ser. Pero afortunadamente no todo el mundo es igual. Cuanto más nos acercamos a la esfera local, vemos a concejales de ciudad o de pueblo que entienden su acta como un compromiso...
Ver Más