Hay una nostalgia muy concreta que se despierta cuando una ciudad te ha visto pasar por las mismas calles durante años: caminas por un sitio y, de repente, descubres que falta algo. Un establecimiento "de los de toda la vida" ha bajado la persiana y, con ella, se cierra una parte de tu memoria vital. Alicante tiene de eso a montones… Basta con pasear por el centro para ir encontrándose con esos huecos invisibles que solo perciben quienes estuvieron allí cuando todo estaba en su sitio.