En el tablero de la geopolítica contemporánea hay momentos en que la historia, después de años de letargo, se precipita con una velocidad que desconcierta. La Venezuela posterior a la caída de Maduro es uno de esos instantes. Apenas días después de que fuera sacado de Caracas mediante una operación militar de precisión estadounidense, el presidente Donald Trump, con su inconfundible lenguaje transaccional, proclamaba en su plataforma digital Truth Social lo que resonaba como un acta de conquista. «Me complace anunciar que las autoridades provisionales de Venezuela entregarán entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de excelente calidad, sin restricciones de sanciones, a los Estados Unidos de América». La declaración no era simplemente un comunicado. Fue el disparo...
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