El
Girona ya no sobrevive: compite. Y cuando toca, resiste. La victoria ante
Osasuna fue mucho más que tres puntos; fue un ejercicio de coraje, de implicación colectiva y de corazón en estado puro. Un triunfo que no se explica desde la brillantez, sino desde el sacrificio, desde el “todos a una” y desde la convicción de que este equipo ha decidido no rendirse.
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