¿Qué pasó en 1959? (I)
En su discurso del 1ro. de enero desde el balcón del Ayuntamiento de Santiago de Cuba, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz anunció con claridad meridiana sus propósitos. Afirmó: «En todo, el tiempo es un factor importante. La Revolución no se podrá hacer en un día, pero tengan la seguridad de que la Revolución la haremos, tengan la seguridad de que, por primera vez, de verdad, la Revolución será enteramente libre y el pueblo tendrá lo que merece…».
1959 fue el Año de la Liberación. Es un período en que comienzan a quebrarse las estructuras del viejo poder y se esboza la transformación económica y social del país. Reciben su merecido los culpables del régimen anterior y se recuperan los bienes malversados al tesoro de la nación. Y se hace evidente, desde fecha tan temprana, que Washington no ve con buenos ojos la Revolución naciente.
Se dictan durante ese año leyes de carácter popular que son acogidas con júbilo: se rebaja el importe de los alquileres y de la tarifa eléctrica, los precios de los medicamentos y de los libros de texto. Los cuarteles pasan a ser propiedad del Ministerio de Educación, que instala en ellos ciudades escolares. Diez mil nuevas aulas se habilitan en toda la Isla y, al mismo tiempo, se fomentan centros turísticos y se construyen viviendas para campesinos y obreros.
Un personaje entra definitivamente en la historia de Cuba: el pueblo, a partir de ese momento centro de todas las preocupaciones del Gobierno Revolucionario y también su más firme sostén.
Un pueblo hambreado, analfabeto, carente de atención médica, enajenado de su tierra y las riquezas del país, que comienza a ser dueño de su propio destino y a conocer la dignidad plena.
SACUDE LA MATA
Era el mismo pueblo sobre el que Fidel habló en La Historia me absolverá, el mismo que el 21 de enero, en una gigantesca concentración frente al Palacio Presidencial, pedía al líder de la Revolución que «sacudiera la mata», como forma de manifestar su respaldo al proceso revolucionario.
Es un año en que, prácticamente, todo está por hacer en el país. Una época romántica, si se quiere, pero cuajada de definiciones y que exigió a veces decisiones drásticas y terminantes.
El enemigo asomó su verdadera cara desde el primer momento. Intentó desprestigiar en el extranjero la imagen de la Revolución cuando los tribunales dispusieron el castigo de asesinos y torturadores que durante el batistato sembraron el dolor y la muerte.
Comienzan las maniobras y presiones de Washington sobre Cuba y el Congreso norteamericano, por un lado, y la OEA, por otro, pretenden arrogarse el derecho de supervisar los asuntos internos de la nación, inquietos ante el sesgo inusitado que toman los acontecimientos y preocupados por «el ejercicio efectivo de la democracia en el Caribe».
Se ve amenazada la vida de los líderes revolucionarios. Hay secuestros de aviones y barcos cubanos, agresiones dinamiteras y sabotajes a objetivos económicos. En agosto, una expedición patrocinada por Rafael Leónidas Trujillo, el sátrapa dominicano, es capturada al desembarcar en el aeropuerto de la ciudad de Trinidad. En octubre ocurre la traición del jefe de la plaza militar de Camagüey y un avión procedente de EE. UU. ametralla cobardemente La Habana, con el saldo de dos muertos y 50 heridos.
La Revolución se ve obligada a defenderse de adversarios internos y externos. Debe velar por su supervivencia. Surgen así, el 26 de octubre, las Milicias Nacionales Revolucionarias, fuerza que no demoraría en demostrar su poder y entereza en el enfrentamiento a las bandas contrarrevolucionarias plantadas en las montañas del Escambray y, ya en 1961, en las arenas de Playa Girón.
Ocurre además en ese año de 1959 un hecho doloroso. En octubre, en un vuelo entre Camagüey y La Habana, desaparece la avioneta en la que viajaba el Comandante Camilo Cienfuegos. El aparato nunca pudo ser localizado.
DUALIDAD DE PODER
Desde los días iniciales de la Revolución se hizo evidente que existía en Cuba una dualidad de poder.
Por un lado, estaba Fidel, a quien el pueblo, en la concentración del 8 de enero, en Columbia, ratificó en su condición de Comandante en Jefe. Por otra parte, estaba el Gobierno. Contaba con figuras honestas, fraguadas en la lucha contra la tiranía y caracterizada por su intransigencia de principios, pero albergaba también en su seno a personajes que, por su origen de clase e intereses, se dieron bien pronto a la tarea de frenar el avance de la Revolución. El pueblo les llamó los ministros retrancas.
La presidencia de la República se hallaba en manos del doctor Manuel Urrutia Lleó, un exmagistrado de la Audiencia de Oriente que había tenido la honestidad y el valor de emitir voto particular absolutorio en el juicio por los sucesos del 30 de noviembre de 1956, fecha en la que los revolucionarios santiagueros, capitaneados por Frank País, se echaron a las calles de la ciudad y la controlaron durante casi todo el día, como una forma de dar apoyo al desembarco del yate Granma. Ese gesto costó a Urrutia la jubilación obligatoria.
El Movimiento 26 de Julio lo designó en la presidencia meses antes del triunfo de la Revolución. En las postrimerías de la lucha, Urrutia se trasladó a las inmediaciones de la Sierra Maestra, y en los primeros días de enero del 59 juró su cargo en la biblioteca de la Universidad de Oriente, en Santiago de Cuba, convertida en capital provisional de la nación. Juraron asimismo los integrantes del Gabinete ministerial. La biblioteca estaba engalanada con las banderas de todos los países latinoamericanos, incluido Puerto Rico, y la ceremonia contó con la presencia de revolucionarios dominicanos y haitianos y personalidades venezolanas que habían sido portadoras de un mensaje solidario de las autoridades de ese país al recién creado Gobierno. Uno de los primeros actos ejecutivos del Presidente fue la designación de Fidel
como su delegado en los institutos armados y su nombramiento como Comandante en Jefe de todas las fuerzas de tierra, mar y aire.
Hay un detalle que da idea de la personalidad de ese hombre. Mientras la ciudadanía clamaba por un Gobierno austero, Urrutia retuvo para sí el sueldo devengado por Batista de 12 500 pesos mensuales, y mantuvo inalterable el presupuesto anual que durante la tiranía cubrió los gastos del Palacio Presidencial, 2 433 650 pesos.
LA SUERTE ESTÁ ECHADA
Con Urrutia y los ministros retrancas, la contrarrevolución se emboscaba en el Gobierno. A medida que transcurrían las semanas de aquel 1959, el Presidente arreciaba en su campaña pública anticomunista y se sumaba así a la insidiosa cruzada de Washington encaminada a confundir y dividir a los cubanos.
Aunque Urrutia se mantuvo en la Presidencia hasta julio, la dualidad de poder finalizó el 16 de febrero cuando Fidel asumió el cargo de Primer Ministro. Bajo su conducción, el Gabinete «comienza a disparar leyes, decretos y acuerdos que socaban hasta los cimientos el régimen de los explotadores que trataba de sobrevivir a veces disfrazado de revolucionario».
La Revolución no removió de golpe a los ministros retrancas. Usó una técnica màs eficaz: duplicó en el Instituto Nacional de Reforma Agraria, que presidía Fidel, las más importantes funciones del Gobierno. El INRA tuvo, entre otros, un departamento de Industrialización, dirigido por el Che, y otro de Comercialización, que asumió poderes inherentes hasta entonces al Ministerio de Comercio.
Después, cuando algunos de esos departamentos pasaron a ser ministerios, se incluyeron nuevas carteras en el Gabinete y se produjeron algunas remociones. El Consejo de Ministros quedó entonces en manos de figuras de bien ganado prestigio y que gozaban de toda la confianza de la Revolución.
Pero la actitud del Presidente se hacía cada vez más negativa. Fidel procedió entonces con un tacto político encomiable. Apoyado por el pueblo, que hubiese respaldado su determinación, podía haber borrado a Urrutia de un plumazo. Prefirió no hacerlo. Una noche manifestó al entonces capitán Antonio Núñez Jiménez: Alea iacta est. Esto es: La suerte está echada.
Entonces renunció al Premierato.
La reacción popular ante la renuncia y cómo el líder de la Revolución reasumió el cargo serán, entre otros, temas de la entrega de la próxima semana.