En uno de los pasajes más enigmáticos del Nuevo Testamento, San Pablo advierte a la comunidad cristiana de Tesalónica que el Anticristo no se desataría mientras no se removiese el obstáculo ('katejon') que lo retenía. Todos los padres de la Iglesia interpretarían aquellas palabras de idéntico modo, afirmando que el obstáculo al que se refería San Pablo era el Imperio Romano. Se trataba de una enseñanza desconcertante; pero, generación tras generación, los cristianos la acataron. Luego, con el paso de los siglos, el Imperio –con su lengua universal y su organización administrativa– contribuiría a la expansión de la fe. Quiere esto decir que un mal presente nos puede proteger de un mal futuro infinitamente mayor. Esta enseñanza adquiere en las...
Ver Más