En estos días en los que el mundo taurino vuelve la mirada hacia América , con sus ferias en plena efervescencia y sus plazas marcando el pulso del invierno, conviene detenerse a recordar que nada de eso es ajeno a Sevilla . La vieja Hispalis no solo fue puerto de Indias. También fue puerto del toreo. Desde sus muelles partieron hombres, costumbres y una manera de entender la fiesta que, al otro lado del Atlántico, echó raíces profundas hasta construir una tauromaquia propia, reconocible y viva . América no recibió el toreo como herencia muerta, sino como un lenguaje en evolución que, con el paso de los siglos, terminaría devolviendo a Sevilla toreros, estilos y tardes memorables. La Real Maestranza...
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