Hubo un tiempo en el que, como suele pasar cuando la política se desborda, a algunos se les ocurrió la idea de boicotear los productos catalanes. Recuerdo que alguien me lo dijo convencido, como si fuera la respuesta lógica. La mía fue inmediata y rotunda: no. No, porque detrás de cada marca hay personas que trabajan, que sacan adelante a sus familias, y yo no juego con el pan de nadie. Intento comprar productos andaluces, y no por rechazo a lo de fuera, sino por convicción, porque creo que apoyar lo nuestro es una forma honesta de sostener nuestra tierra, nuestro empleo y nuestra gente. No soy experta en agricultura ni en ganadería. Tampoco entiendo de tratados comerciales ni de...
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