Aprincipios del siglo XX, el sociólogo Georg Simmel meditaba sobre la imposibilidad de generar una experiencia en el seno de las grandes ciudades, cuando los sujetos estaban sometidos a tal cantidad de estímulos que les resultaba imposible realizar, en sentido cognoscitivo, una síntesis. Ciertamente, ese era el tiempo en el que todo lo que era sólido se disolvía en el vacío. Si el Futurismo cantó a la velocidad y consagró la guerra como lo más bello, el siglo XXI, fundado en un atentado demoledor y marcado por crisis financieras, confinamientos pandémicos, corruptelas políticas y delirios imperialistas, tiene su propia 'filosofía aceleracionista'. Nos sobra el optimismo, convertido en tontuna máxima, y tampoco podemos asumir el mundo con una actitud corrosivamente pesimista....
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