De todos es sabido que nunca participé de la excitación que provocó entre un sector bastante amplio de madridistas el fichaje de Xabi Alonso. Imagino que, después de un año gris, el último de Ancelotti, quisieron ver en él a una especie de versión más amable y más dócil, un poco más controlada, de José Mourinho. Pero no hay versiones tranquilas de Mou, que es un demonio. Y si no me fui corriendo en su momento hasta Cibeles para festejar por todo lo alto el nombramiento del tolosarra fue por la sencilla razón de que ya soy muy mayor y he visto pasar por delante de mi puerta a una interminable lista de candidatos que estaban llamados a arrancar Excalibur...
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