Cualquiera que haya montado muebles de IKEA lo sabe: al principio todo parece sencillo, hasta que llegan los tornillos duros, la pared que no cede o el brazo que ya no puede más. Ahí es donde el destornillador manual se queda corto y
un taladro percutor empieza a marcar la diferencia. No hablamos de herramientas profesionales, sino de
modelos domésticos que cada vez están más presentes en pisos y casas porque ahorran tiempo, esfuerzo y frustración.
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