Nani Roma se bajaba del coche. Sentía una mezcla de adrenalina, alivio, emoción y cansancio que le hacían casi tropezarse. Tenía un objetivo. Se fue rápidamente hacia el coche que tenía delante. Abrió la puerta y le dio a Laia Sanz uno de los abrazos más fuertes que podía darle a alguien. Había salvado su Dakar.
Seguir leyendo...