Mentir al votante es traición
Mentir, manipular, engañar y confundir al votante es una nociva práctica que no hemos podido erradicar de nuestras campañas electorales y que algunos encantadores de serpientes más bien abrazan con singular empeño.
No sé ustedes, pero a mí me resulta muy decepcionante escuchar a un candidato presidencial lanzando aseveraciones sustentadas en datos falsos o distorsionados para sacudirse de las críticas o ganarse el aplauso de la tribuna.
Considero que esta perniciosa estrategia emite al electorado una clara señal de alerta sobre los vacíos morales y éticos de una persona y un equipo de campaña dispuestos a sacrificar valores fundamentales para ganar a toda costa.
Hay que tener mucha desfachatez para propalar falsedades mirando de frente al ciudadano en una gira proselitista, en un video de propaganda o en un debate en vivo, con el propósito de encandilar al ingenuo y al desinformado.
Mentir al votante es traición, porque representa una burla a su inteligencia, a su derecho legítimo a recibir información confiable para tomar decisiones, y a su deseo de encontrar una alternativa idónea para resolver sus problemas y los del país.
Yo no creo en aquello de que el fin justifica los medios. Distorsionar la realidad y acomodarla a su antojo es un juego malvado que no solo desprestigia al candidato, sino que, al final, también socava la credibilidad en todo el ecosistema.
De hecho, considero que una de las principales causas del creciente abstencionismo en nuestros procesos electorales es, precisamente, el desencanto por la política y la desconfianza en quienes aspiran a llegar o seguir en Zapote.
Entonces, mentir también representa, de alguna forma, una traición contra un modelo democrático que, a lo largo de la historia moderna, nos ha permitido elegir en paz y con absoluta confianza en la veracidad de los resultados.
En la presente campaña hemos atestiguado episodios muy lamentables de candidatos presidenciales que han quedado al descubierto cuando sus aseveraciones son sometidas a ejercicios de verificación por parte de la prensa nacional.
Un partido que lanza tan soberanas mentiras al pueblo deja muchas dudas sobre la transparencia de su agenda y la idoneidad de sus liderazgos. Además, nos ofrece un claro adelanto sobre qué estilo de gobierno pretende ejercer.