El error al lavar la ropa que cometen muchas personas y puede irritar la piel
En el lavado doméstico hay un gesto casi automático: si una prenda está muy sucia, se tiende a compensar con un chorrito extra de detergente. La lógica parece impecable: más producto, más limpieza, pero en la práctica sucede a menudo lo contrario. El exceso de detergente puede dificultar el lavado, dejar restos en los tejidos y, con el tiempo, favorecer problemas en la propia lavadora.
La idea de que la espuma es sinónimo de eficacia está muy arraigada. Sin embargo, en lavadoras de bajo consumo de agua la espuma excesiva puede convertirse en un estorbo. Una guía técnica sobre lavado en equipos de alta eficiencia explica que, cuando se generan demasiadas burbujas, estas pueden interferir con la acción de lavado, reduciendo la capacidad de arrastre de la suciedad y empeorando el aclarado.
El detergente está diseñado para ayudar a desprender la suciedad y mantenerla en suspensión para que se vaya con el agua. Pero cuando la dosis se dispara, no siempre se enjuaga por completo. El resultado son prendas que salen limpias, pero se sienten más rígidas y ásperas.
El exceso de espuma no solo afecta al tejido; obliga a la máquina a gestionar un escenario para el que no está pensada. Según un estudio, la cantidad y el tipo de detergente pueden influir en el consumo de agua, porque el tambor enérgico de estos equipos puede provocar sobre-espumado si se usa demasiado detergente, y algunas máquinas responden añadiendo agua extra para controlarlo.
Otra guía técnica describe consecuencias parecidas: demasiada espuma puede llevar a ciclos más largos, pérdida de eficiencia y acumulación de residuos que, con el tiempo, se asocian a olores desagradables y potenciales fallos o daños.
La piel también lo nota
Cuando quedan restos en la ropa, el contacto es directo y repetido. En dermatología se reconoce que el detergente puede actuar como irritante y contribuir a dermatitis de contacto en personas susceptibles, especialmente con exposiciones frecuentes.
La dosis correcta
La clave no es usar poco, sino usar lo que toca. Las guías técnicas insisten en que no se trata de infradosificar, sino de emplear la cantidad recomendada según tamaño de carga y nivel de suciedad, evitando el error de compensar a ojo.