Entrevista posible a la eternidad de Fidel Castro
El aire de la patria pesa más estos días. El dolor, denso y colectivo, por la partida de 32 hijos en tierras venezolanas, se mezcla con la rabia justa frente a la agresión despiadada. En este duelo nacional, en esta compleja encrucijada donde el imperio muestra nuevamente sus garras, millones de miradas se vuelven, casi por instinto, hacia una figura siempre presente.
Es imposible no preguntarse, con una añoranza que es fuerza, qué haría el Comandante en Jefe si estuviera aquí ahora. ¿Cómo analizaría Fidel Castro este nuevo capítulo de ignominia? ¿Cómo guiaría la serenidad del pueblo? ¿Cómo alzaría una vez más su voz para convertir el dolor en convicción inquebrantable?
En esta hora de prueba, cuando más se necesita su claridad y su coraje moral, no queda el consuelo de su presencia física, pero sobra el arsenal de su pensamiento. Puede buscarse refugio y brújula en sus palabras, aquellas que fueron certeras, universales y, sobre todo, terriblemente adelantadas a su tiempo.
Esta entrevista posible es un diálogo con la eternidad de su legado; estas son preguntas que hoy podrían hacérsele y que, de seguro, podrían responder con sus propias frases, pronunciadas en otros momentos, pero que resuenan ahora con una vigencia estremecedora.
La patria grande: Cuba, Venezuela y el legado de Chávez
Comandante, teniendo en cuenta el ataque a Venezuela y la afrenta recibida, ¿cómo puede entenderse el lazo indestructible que une a Cuba con la patria de Bolívar y de Hugo Chávez?
«Con Venezuela nos unen lazos indisolubles. Con Chávez nos unió desde el primer minuto una amistad entrañable, una confianza total. Él es el mejor amigo que ha tenido el pueblo cubano en toda su historia» (discurso en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, 17 de noviembre de 2005).
Y ante quienes cuestionan por qué los hijos cubanos sirven y, en este caso, ofrendan sus vidas en suelo hermano, ¿cuál es la razón de fondo, el principio que no admite duda?
«El deber de todo revolucionario es hacer la revolución. Esa es nuestra ley, nuestro código, nuestro compromiso con la historia y con la humanidad» (discurso por el XX Aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, 26 de julio de 1973).
El enemigo eterno: naturaleza y práctica del imperialismo
Usted siempre advirtió sobre la verdadera naturaleza del imperio. Tras este acto, ¿sigue vigente su caracterización de que el choque era y es inevitable?
«No nos engañemos pensando que lo que está por delante es fácil; no nos engañemos pensando que al enemigo imperialista y rapaz se le pueden hacer concesiones. Al enemigo imperialista no se le puede conceder ni un ápice» (discurso en la clausura de la Primera Conferencia de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina, 12 de enero de 1966).
¿Qué define entonces la esencia de este poder que hoy ataca con tanta crueldad?
«El imperialismo es un sistema de dominación mundial que no se detiene ante nada para lograr sus objetivos. Es un sistema genocida, hambreador y terrorista por esencia» (intervención en la Conferencia de Naciones Unidas sobre Medio Ambiente y Desarrollo, Río de Janeiro, 12 de junio de 1992).
Duelo y dignidad: cuando un pueblo viril llora
El pueblo cubano está de luto. Hay un dolor profundo, pero también una ira contenida. ¿Cómo debe un pueblo digno vivir este momento?
«Cuando un pueblo enérgico y viril llora, la injusticia tiembla» (discurso por el acto de despedida de duelo de las víctimas del avión de Cubana destruido en pleno vuelo, el 6 de octubre, 1976).
¿Y cómo transformamos este llanto justo en una fuerza invencible? ¿Cómo honramos a los caídos más allá del dolor?
«Los pueblos no se lloran, se defienden. Y se defienden combatiendo, trabajando, produciendo, estudiando, movilizándose, siendo cada día más revolucionarios» (discurso en el acto central por el XX Aniversario de la Victoria de Playa Girón, 19 de abril de 1981).
La respuesta: firmeza, unidad y la victoria segura
Ante la magnitud de la provocación, ¿cuál debe ser la actitud de Cuba? ¿Debe temerse una escalada?
«¡Que lo oiga bien el imperio! ¡Que lo oiga bien el mundo! ¡Cuba no claudica, Cuba no se doblega, Cuba no traiciona! Y si nos atacan, sabemos lo que tenemos que hacer: ¡RESISTIR Y VENCER!» (discurso en la Tribuna Abierta de la Juventud, los Estudiantes y los Trabajadores, Plaza de la Revolución, 1 de mayo de 2000).
En última instancia, Comandante, ¿dónde reside la certeza absoluta de nuestra victoria, incluso en las horas más oscuras?
«¡Estamos condenados a vencer! ¡Condenados a vencer porque la causa que defendemos es justa! ¡Condenados a vencer porque tenemos un pueblo heroico! ¡Condenados a vencer porque tenemos ideas claras y principios firmes!» (discurso en la clausura del V Congreso del Partido Comunista de Cuba, 8 de octubre de 1997)
El diálogo posible se detiene, pero no concluye, se multiplica. Las palabras de Fidel, ancladas en su tiempo pero proyectadas hasta hoy, dejan una estela de claridad superior a la niebla de la agresión.
Su voz, reconstruida desde la memoria viva de la Revolución, recuerda que el camino ya fue trazado: la unión con Venezuela es sagrada, la naturaleza del imperio no cambia, el duelo de un pueblo viril es un arma y la victoria, ante una causa justa, es un destino.
Frente al crimen del 3 de enero de 2026, otra vez su legado es la respuesta. No está aquí, pero sus ideas, que son las ideas del pueblo, están en la primera línea.
Como él mismo dijo una vez, preparado para el combate final: «¡Salve, César, los que van a morir te saludan!». Hoy 32 héroes le han dado ese saludo a la historia. Y un pueblo entero, guiado por su pensamiento, les responde con el grito que resume toda una existencia: ¡Patria o muerte, venceremos!
(Tomado de la Agencia Cubana de Noticias)