Minutos después de haber fallado el penalti que, en el descuento de la final ante Senegal, hubiese dado a Marruecos la segunda Copa de África de su historia, el delantero del Real Madrid
Brahim Díaz recibió desconsolado y con lágrimas en los ojos de manos del presidente de la FIFA,
Gianni Infantino, el trofeo que lo acredita como máximo goleador del torneo con cinco tantos.
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