En los días trágicos –y hay tantos, aunque olvidamos– la radio suena más desnuda, pues a la noticia le sobra todo, menos la noticia, que habla sola y con suerte respira. Alsina le tiene cogido el tono a estas jornadas y lo mantiene a pulso ahí, entre el hecho frío y el calor humano, entre el testimonio y el comunicado, entre la información y la compañía, en un equilibrio que suena natural y se antoja complicadísimo. Se escuchó, en lo suyo, ese traspiés con el que empiezan las historias tristes: «Buenos días; bueno, por decir algo». En ese tropiezo de la lengua se concreta algo profundo y atávico, inconsciente y muy nuestro, y no tan gris como este lunes de...
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