'Era una jornada de finales de diciembre con cielo despejado y nieve abundante en los Pirineos catalanes. Montañeros y esquiadores habían decidido aprovechar las condiciones aparentemente buenas para realizar hacer senderismo y esquí de montaña. Algunos incluso habían salido con ropa ligera porque el día era soleado.
Sin embargo, ese 30 de diciembre de 2000, un fenómeno meteorológico violento y repentino convirtió un día de ocio en una tragedia histórica para la montaña. Aquel episodio, recordado ya como uno de los más graves accidentes de montaña del Pirineo, marcó un antes y un después en la gestión de emergencias, la prevención de riesgos y la previsión meteorológica en alta montaña.
Todo comenzó a mediodía, cuando una sucesión de varias rachas de viento que alcanzaron los 140 km/h sor...'