Es tiempo de silencio. El silencio que recomienda la prudencia y debe imponer el luto, el duelo; el que pide el respeto a las víctimas y a sus familiares. Es, además, el tiempo de los profesionales de emergencias, los sanitarios, los forenses, los psicólogos, los que tienen que investigar las causas del siniestro e informar, los párrocos, los vecinos... los que suman. Es el silencio propio del choque, del aturdimiento, de la condolencia; de la incredulidad y el desconocimiento. Ese silencio que se instaló en la vía cuando, de madrugada, se quería hacer más y no se pudo; cuando callaron progresivamente los timbres de los móviles sin respuesta, mientras el frío se hacía definitivamente frío. Un silencio roto después por...
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