El último tren de la vida se puede tomar en cualquier estación. El azar escribe mañanas de sol o tormentosas a su antojo y, con el mismo misterio que saca del bombo la bola de tu décimo, anula deseos, voluntades y sueños. Porque la probabilidad es una hoja fría de acero. O una soldadura que se quiebra entre los montes de Adamuz. Según la estocástica, la tragedia del cruce de trenes en la sierra de Córdoba no tendría que haber ocurrido jamás. La combinatoria de que un raíl salte cuando está pasando un tren y lo haga descarrilar al mismo tiempo que se cruza con otro es casi ciencia ficción. Es muy difícil que ocurra lo primero. Casi imposible que...
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