¿Qué quiso decir el economista Adam Smith cuando aseguró "Todo el dinero es una cuestión de creencia"?
Es evidente que nuestro presente es consecuencia directa de las ideas y las teorías formuladas y estudiadas en el pasado. El recuerdo de las mismas constituye un ejemplo de memoria histórica que, asimismo, conforma un legado que llega hasta nuestro tiempo. Es por eso que los pensadores se han definido a lo largo de la historia como los referentes de nuestra sociedad, para bien o para mal, y de los pilares que hoy la cimentan. Por ello, las concepciones de aspectos básicos, como el propio funcionamiento de la economía en este caso, cuentan con figuras como Adam Smith como uno de los grandes filósofos del pensamiento crítico.
El legado del economista sigue muy presente en el debate económico actual, más de 200 años después de su muerte. Sus nociones no solo influyeron en la forma de entender los engranajes del mercados y los rincones más recónditos del comercio, sino que ayudaron a sentar las bases intelectuales de un sistema que todavía rige gran parte de la economía mundial. Smith observó con mirada crítica la sociedad de su tiempo y fue capaz de transformar esas observaciones en teorías que explicaban cómo se genera la riqueza y cómo se distribuye dentro de una comunidad.
Ese enfoque innovador es el que lo ha llevado a ser considerado el "padre de la economía moderna", término acuñado de forma casi unánime entre los historiadores. Sus razonamientos rompieron con el pensamiento mercantilista dominante en el siglo XVIII y abrieron el camino a una nueva concepción del capitalismo basada en el intercambio libre, la especialización y la confianza en los individuos. Aunque según algunos investigadores, Smith reconoció los peligros de la sociedad comercial y cómo podía llegar a producir grandes desigualdades. En este sentido, pese a que el capitalismo actual del siglo XIX se ha adaptado a otros estándares, muchas de sus dinámicas esenciales todavía remiten a sus intuiciones.
¿Quién fue Adam Smith? El gran economista
Adam Smith nació en Kirkcaldy, una pequeña localidad escocesa, en el año 1723. Desde muy joven destacó por su curiosidad intelectual y por una educación marcada por la filosofía moral. Ingresó en la Universidad de Glasgow con solo catorce años y allí entró en contacto con pensadores que influyeron decisivamente en su forma de entender la ética, la sociedad y la conducta humana. Su formación temprana le permitió combinar la filosofía moral con una visión práctica de la economía que marcaría toda su obra futura.
A lo largo de su vida combinó la docencia, la investigación y la escritura. En 1759 publicó "Teoría de los sentimientos morales", la primera gran obra de su repertorio. Viajó por Europa a partir de 1763, como tutor de un joven aristócrata, lo que le permitió conocer distintos sistemas económicos y políticos. En 1776 publicó "La riqueza de las naciones", la obra que lo consagró definitivamente como referente intelectual. Finalmente, falleció en Edimburgo en 1790, dejando un legado que trascendió a su propia época. Durante su vida mantuvo correspondencia y contacto con muchos de los pensadores más influyentes de su tiempo, consolidando su reputación como intelectual clave de la Ilustración escocesa.
¿Qué explica su teoría de la "mano invisible"?
Uno de los conceptos más conocidos de su pensamiento es el de la "mano invisible", término acuñado en su obra publicada en 1776. Para Smith, cuando los individuos persiguen su propio interés dentro de un mercado libre y competitivo, contribuyen de forma indirecta al bienestar general. Cuando los comerciantes y productores actúan motivados por su interés personal, la oferta y la demanda del mercado ajustan precios y cantidades de manera natural, los productos escasos suben de precio y se producen más, mientras que los excedentes bajan y se reducen, coordinando así la economía. Por tanto, trata la idea de que existen mecanismos sociales y económicos que coordinan millones de decisiones individuales sin una dirección central constante.
"Todo el dinero es una cuestión de creencia"
En este contexto, este ejemplo es un claro signo de que sus pensamientos son fácilmente extrapolables a nuestro presente. El valor del dinero no reside únicamente en el metal o el papel que lo representa, sino en la confianza colectiva que se deposita en él, del mismo modo que durante siglos el oro sirvió para medir la riqueza y la solidez económica de un país. En la vida cotidiana ocurre algo similar cuando aceptamos un salario a final de mes, pagamos con una tarjeta o ahorramos para dentro de diez o veinte años, actos basados en la convicción compartida de que ese valor seguirá siendo reconocido mañana igual que lo es hoy.