Braden Smith, el base titular de la Universidad de Purdue, se ha convertido en la figura más fascinante del baloncesto universitario estadounidense. A pesar de ser un jugador "bajito" para los estándares actuales —apenas alcanza los 1,83 metros—, su capacidad para leer el juego le ha permitido dominar la competición desde la posición de base.
Smith no solo es el motor de uno de los mejores equipos del país, sino que está protagonizando una carrera estadística que no se veía desde los tiempos de
Jason Kidd hace 30 años.
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