Arthur Brooks , profesor de la Universidad de Harvard y uno de los expertos más reconocidos en el estudio de la felicidad y la longevidad, ha compartido en una reciente entrevista los pilares que considera esenciales para alcanzar una vida plena . En una conversación con Kevin Rose en su pódcast, el denominado gurú de la felicidad abordó uno de los grandes desafíos de la crianza moderna: cómo evitar que los niños desarrollen una dependencia excesiva de la tecnología . Lejos de proponer fórmulas complejas o castigos, el experto en esto de la felicidad sostiene que la clave está en el comportamiento de los adultos. «Los niños no prestan atención a lo que les decimos, sino a lo que hacemos», afirma en la citada grabación. Según el experto, el ejemplo cotidiano tiene un poder mucho mayor que cualquier discurso o norma impuesta. Si los padres desean que sus hijos reduzcan el uso del móvil durante las comidas, deben comenzar por hacerlo ellos mismos. Insiste el profesor de Harvard en que este cambio no genera resultados inmediatos, pero sí consistentes a largo plazo. »No funcionará de inmediato, pero ese ejemplo realmente da resultado«, advierte. Su enfoque se basa en la idea de que los niños aprenden observando y que cada acción de los adultos deja una huella en su comportamiento . «Si quieres que tus hijos practiquen la fe, tú debes practicarla. Si no quieres que beban, no deberías beber. Si no quieres que insulten al volante, no deberías hacerlo tú», enumera el académico. El catedrático subraya que educar desde la coherencia y el ejemplo implica asumir una responsabilidad continua. Criar hijos equilibrados y conscientes -añade- requiere que los padres se esfuercen por encarnar los valores que desean transmitir. «Debes vivir pensando: voy a ser la persona que quiero que mi hijo llegue a ser», afirma durante la entrevista. Arthur Brooks, autor de varios libros sobre bienestar emocional y propósito vital, defiende que la auténtica felicidad se construye a través de la conexión personal, la disciplina y la integridad . En el contexto actual, marcado por el auge de las pantallas y la sobreexposición digital, su mensaje supone un recordatorio bien claro: los niños aprenden más por observación que por instrucción .