Se puede filosofar, está bien, y se puede ser Julio. De vuelta de una tarde de pesca con su madre y un amigo, estribaciones de Sierra Morena. Las sirenas. La curiosidad. En un rato, entreteniendo a una niña herida para que no vea cómo se llevan a su padre desangrándose, antes de morir. Tratando de hablar de fútbol con un herido que decía que estaba en un sueño y él sabiendo que ojalá fuera una pesadilla, pero no. Tarde fría de enero en las afueras de su pueblo. Un chico de 16 años, de esos que se nos están radicalizando, nos dicen. De esos que no tienen comprensión lectora apenas, nos dicen. De esos que casi no sabe relacionarse fuera...
Ver Más