Alberto (79), un auxiliar de enfermería jubilado de Alcorcón, lleva la libertad por bandera. A veces le gusta vestirse de mujer y asegura no sentirse «en absoluto» como hombre, aunque hable de sí mismo en masculino. De esa guisa acudió este miércoles 21 de enero a s u cita en 'First Dates' en busca de un compañero de vida delgadito, con un cuerpo parecido al del barman del restaurante, Matías Roure, y de carácter abierto. Pero el equipo del 'dating show' lo emparejó con José (80), un camarero de piso jubilado natural del municipio sevillano de Aznalcázar que no se ajustaba al prototipo deseado por Alberto . Sobre todo, en lo de no dejarse guiar por los prejuicios. Al verse, los dos se observaron de lejos con recelo. A Alberto no le gustó su modo de vestir. «No está guapo el hombre con traje, a mi me gustan de sport y marcando paquete», apuntó en los totales. En cambio, su cita reconoció haberse quedado sin habla cuando se lo encontró vestido de mujer. «Me temblaban las piernas y todo… No me levanté por educación», expresó. Lo dijo en privado, pero también le soltó de primeras al madrileño que no se lo esperaba así, sino que prefería a alguien «normal como yo». «Yo te llevo a mi pueblo así, y me apedrean», objetó. Con mucha mano izquierda, el madrileño intentó hacerle ver que no le hacía daño a nadie vistiendo como le daba la gana. «En este mundo hay que admitir todo. Yo no te he dicho a ti nada y te podría decir muchas cosas», replicó. Ante la postura de Alberto y la invitación de Carlos Sober a a que se sentaran juntos en la mesa e intentaran al menos conocerse sin compromiso, José accedió a continuar con la velada. Sin embargo, el sevillano se había quedado helado al conocer a su pretendiente, y el hielo ya no se rompió. Es más, se formó un iceberg que ni siquiera el talante conciliador que Alberto mostró durante la cena pudo derretir. José repitió una y otra vez que en su pueblo no aceptarían a una persona como su compañía de 'First Dates '. «Si te vistieras normal y no te pintaras podríamos llegar a un acuerdo», dejó caer el soltero de Aznalcázar. Lejos de defender con uñas y dientes su derecho a ir por la vida con las pintas que se le antojara, Alberto admitió que, en parte, comprendía el sentir de su cita. «Podemos tener una segunda oportunidad y me verás normal. No te preocupes», concedió. Lo último que deseaba es que experimentara incomodidad a su lado. De hecho, en en momento dado, José decidió ignorarlo mirando el móvil. Él, en vez de molestarse, se marchó al baño para lavarse la cara con la única intención de que José cenara a gusto. «Más discretito y con la cara lavada. No es mi manera de ser, pero lo voy a hacer por él. Me gustaría tenerle como amigo», comentó ante las cámaras. Su cita, no obstante, no se conformó. También le pidió que se quitara el resto de abalorios que lucía, desde los pendientes hasta las pulseras. Eso sí, al enseñarle Alberto una foto suya al natural, sentenció que le parecía «horroroso» igualmente. Adelantándose a la decisión final, el de Alcorcón confirmo que le daría una segunda cita «para que al menos diga 'tengo un amigo en Madrid', y le he visto buena persona». A José, en cambio, le pesó más lo que opinaran de él si salía con Alberto. «Si digo que sí, mi gente me va a matar. En el pueblo me tiran piedras a mi y a él le meten fuego. Es un pueblo muy rancio», dictaminó.