Óscar Casas y Ana Mena, como una moto
Aunque una confesión de este calibre puede erizar los pelos del cinéfilo más practicante, el séptimo arte y las competiciones de motor tienen aspectos parejos. Al menos, así lo creen los actores Enrique Arce y Claudio Santamaria. «Ambos son nichos que llaman la atención y parecen un circo ambulante en el momento de la acción», apunta el primero. «El director deportivo es semejante a uno de cine, y el motorista parece un actor», sentencia el segundo.
Para no llevarles la contraria, hoy se estrena un filme que funde ambos gremios en formato romántico y en el que, como no podía ser de otro modo, participan. «Ídolos» custodia el podio de ser la primera ficción sobre MotoGP. Suponemos que para el equipo llegar el primero en esa competición no era suficiente, ya que han decidido unir en escena a la que aspira a ser la pareja juvenil de este recién cuajado año: Óscar Casas, como un joven piloto cuyo mayor impedimento para triunfar es una complicada relación familiar, y Ana Mena, la tatuadora que conoce y que le proporcionará un motivo sólido para pisar a fondo el acelerador. Gajes del oficio, Ana Mena no se considera en absoluto amante de los dibujos epidérmicos, mientras que el Óscar Casas de carne y hueso, que en la cinta se muestra escéptico, los adora.
Filtro hollywoodiense
«Me encanta el cine español, pero solamente conozco aquel que llega al extranjero, por lo que confié en el maravilloso equipo de casting para la elección de los protagonistas», revela Mat Whitecross, el realizador. De nacimiento inglés y con sangre argentina, es su primer proyecto efectuado en la Península Ibérica. Así, ha podido escalar una cima más en su vorágine multicultural. El director es un seguidor de las competiciones, y el metraje lo quiso impregnar de una esencia documental para así crear una experiencia más inmersiva en ese mundo. Con laboriosos momentos de acción en el que la cámara nos coloca como si nosotros fuéramos los competidores, el resultado es una creación, según las propias palabras de Whitecross, «española pero con filtro hollywoodiense».
Los más fanáticos de la cantante de «Madrid City» recordarán que los primeros pasos de su estrellato fueron cometidos en la interpretación. Ella plasmó la infancia de Marisol en la serie que realizó de su vida Antena 3 en 2009, y llegó a ser «adolescente Almodóvar» en «La piel que habito». Tras dejar en doble fila su vis como intérprete y alcanzar altas cotas de triunfo musical, este filme es su retorno a la gran pantalla. «Al fin he podido compaginar esta labor con mi otra vida, así que tengo ganas de continuar», reivindica la malagueña, confesando con un «sí» discreto si es su intención seguir en la gran pantalla.
Pero, paradójicamente, de ser así, no elegiría en un principio el género que de primeras mejor le puede casar: «No soy una gran fan de los musicales, me cuesta mucho conectar con ellos», confiesa Mena.
El enamoramiento de la película saltó de la pantalla a la realidad, y ambos artistas revelaron que han comenzado una relación sentimental. Aunque no haya sido necesario recurrir a la tabla periódica para su química, ambos confiesan, sin embargo, que grabar momentos románticos cuesta en un rodaje: «Es incómodo grabar una escena íntima rodeado de 150 personas, pero la idea es intentar conectar lo máximo posible hasta que te olvidas de tu alrededor», relata Casas.
El actor siempre ha confesado que su hermano mayor, Mario, es uno de sus máximos referentes. Si se tuviera que quedar con otra figura a la que homenajear, escoge a Francesc Garrido, con quien compartió escenas en la serie «Jaguar». «Me enseñó mucho sobre cine y la actuación, de ahí que en cada proyecto me acuerdo de él», explica el joven. No iba a ser menos en esta obra, por lo que ojalá el sonido del motor llegue a los oídos de Garrido, y, ya que estamos, al de todo el público.