La Unión Europea ha dado un paso decisivo en su política energética al anunciar que los biocombustibles derivados de la soja dejarán de contabilizarse para los objetivos de energía renovable de los Estados miembros. Esta medida responde a una reciente investigación de la Comisión Europea que confirma que este tipo de cultivos contribuyen de manera significativa a la deforestación global. Según el informe publicado este 22 de enero de 2026, la eliminación gradual busca frenar el fenómeno conocido como cambio indirecto del uso de la tierra, una de las principales causas silenciosas de las emisiones de dióxido de carbono y de la drástica pérdida de biodiversidad en regiones clave del planeta. Desde organizaciones ambientales como Transport & Environment han recibido la noticia con satisfacción pero también con cautela. Los activistas subrayan que los biocombustibles de soja resultan ser el doble de perjudiciales para el clima que el propio diésel de origen fósil al que pretenden sustituir. Con la implantación de esta nueva normativa, se garantiza que la soja procedente de grandes exportadores como Estados Unidos, Argentina y Brasil no acabe alimentando los depósitos de los vehículos europeos, un punto especialmente crítico tras la reciente firma del acuerdo comercial con Mercosur. La decisión equipara el futuro de la soja a la del aceite de palma , cuya eliminación ya se había programado anteriormente para el año 2030 debido a sus altos niveles de impacto ambiental. A pesar de este avance, persiste la preocupación por el vacío legal que rodea a otras materias primas como la caña de azúcar. Actualmente, estos cultivos se mantienen justo por debajo del umbral establecido por la Comisión, lo que les permite seguir formando parte de la matriz energética renovable de la Unión Europea. Los expertos de T&E advierten de que la demanda mundial de biocombustibles no deja de crecer y se estima que el uso de la caña de azúcar aumentará un cincuenta por ciento para finales de esta década. Esta presión comercial ya está provocando la tala de bosques naturales en regiones remotas como Papúa, en Indonesia, para dar paso a plantaciones industriales destinadas a la exportación de combustible. El retraso en la publicación de este informe, que originalmente se esperaba para finales de 2023, ha sido objeto de debate en Bruselas durante los últimos años. Diversos analistas sugieren que la Comisión Europea retrasó la difusión de estos datos críticos para evitar conflictos diplomáticos y disputas comerciales en un momento de gran inestabilidad en los mercados internacionales, según Transport & Environment. Con la confirmación oficial de los riesgos asociados a la soja, el foco de las políticas de transporte en Europa se desplaza ahora hacia la necesidad de abandonar definitivamente los combustibles de origen alimentario y forrajero, apostando por alternativas que no compitan con la seguridad alimentaria ni con la preservación de los ecosistemas naturales.