Hubo un tiempo no demasiado lejano en el cual los matices y los detalles importaban porque marcaban las diferencias gracias el perfume de la sutilidad. Con las redes sociales aterrizó la época del garrotazo, de la pedrada, del escupitajo, y entonces nos acostumbraron al brochazo grosero que impide reflexionar por aquello del factor tan emocional como cafre. A lo mejor les pasó desapercibido, pero mis orejas se afilaron como las de un dóberman cuando escuché, en la rueda de prensa, al ministro Óscar 'vamos-a-ver' Puente decir que somos «clientes» de la alta velocidad. Quizá fue un simple traspié y no hay que darle mayor importancia, o quizá fueron las cosas del subconsciente juguetón, pero no me gusta que rebajen mi...
Ver Más