Almaraz ha cambiado el paso de Extremadura . O, al menos, como poco, ha derribado ese mantra que ha ido, de un tiempo a esta parte, calando fuera y, sobre todo, dentro de una región que se ha sentido incapaz, en muchos casos, de dar un golpe en la mesa y reclamar lo que es suyo. Con la central ha ocurrido lo contrario. La sociedad civil ha tomado las riendas de una lucha que sienten propia y que solo busca un objetivo, por encima de colores políticos e ideologías: salvar la industria más grande de la región . Tras años de incertidumbre, en los que, poco a poco, se fue dibujando el escenario de un posible cierre , en enero...
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