El Gobierno de Aragón señala a un solo fondo en el campo: qué hay detrás
El debate sobre los fondos de inversión en el campo ha ganado peso en Aragón a medida que grandes operadores han ido adquiriendo o controlando extensas superficies de regadío. En este contexto, Prunus Nuts aparece como un caso atípico: es la única sociedad que el Gobierno autonómico identifica expresamente como fondo de inversión agrícola con presencia directa en la comunidad.
La afirmación no es menor. Desde el Departamento de Agricultura del Gobierno de Aragón se reconoce que la delimitación de este tipo de actores resulta compleja por la opacidad de las operaciones privadas de compraventa y arrendamiento de tierras. Aun así, el nombre de Prunus Nuts se repite como referencia principal.
Prunus Nuts y el capital británico en Aragón
Prunus Nuts opera en Aragón como filial del grupo británico Cibus Capital, especializado en inversiones agroalimentarias a gran escala. Su modelo se basa en la adquisición de grandes extensiones de terreno de regadío para cultivos leñosos, una estrategia que ha modificado el equilibrio tradicional del mercado de tierras.
Durante los últimos años, la compañía ha concentrado su actividad en el cultivo del almendro, con una presencia especialmente relevante en la comarca de las Cinco Villas. En el entorno de Ejea de los Caballeros gestiona en torno a 600 hectáreas, una dimensión muy superior a la media de las explotaciones familiares de la zona.
La apuesta por el pistacho
Más allá del almendro, Prunus Nuts ha iniciado una diversificación hacia el pistacho, un cultivo emergente por su rentabilidad a medio y largo plazo. En el término municipal de Sos del Rey Católico, en la localidad de Sofuentes, la empresa desarrolla una finca de más de 150 hectáreas dedicada a esta producción.
Este movimiento refuerza la percepción de que el fondo busca maximizar el valor de sus activos agrícolas en plazos relativamente cortos, una de las características que más inquietan a los agricultores locales.
Las sanciones que marcan el caso Prunus Nuts
La trayectoria de Prunus Nuts en Aragón no ha estado exenta de polémica. En Pina de Ebro, la empresa fue objeto de investigación por desarrollar superficies de cultivo superiores a las autorizadas, con impactos directos sobre fincas colindantes debido a problemas de drenaje e inundaciones.
Tras constatar las irregularidades, el Gobierno de Aragón abrió un expediente sancionador que contempla multas de entre 200.000 euros y dos millones de euros. En el escenario más grave, la sociedad podría enfrentarse a la inhabilitación para operar durante un periodo de uno a dos años.
Por qué Aragón solo reconoce a un fondo
Desde la Administración autonómica se insiste en que Prunus Nuts es el único fondo de inversión puro identificado en el campo aragonés. El matiz es clave: otras empresas pueden contar con participación financiera externa, pero no responden al mismo esquema de control y rentabilización del suelo agrícola.
Además, el Ejecutivo admite que existen dificultades objetivas para cuantificar las hectáreas totales en manos de estos inversores, ya que muchas operaciones se realizan sin publicidad y mediante sociedades interpuestas.
Fondos de inversión frente a grandes empresas agrícolas
La frontera entre fondo de inversión y gran empresa agroalimentaria no siempre es clara. En Aragón conviven distintos modelos de explotación a gran escala que no encajan en la definición que la Administración aplica a Prunus Nuts.
Un ejemplo es Lizardagro, sociedad vinculada a la familia Entrecanales, propietaria de Acciona. A diferencia del modelo de compra masiva de tierras, esta empresa basa su crecimiento en el arrendamiento de fincas a precios de mercado, según ha defendido públicamente.
Lizardagro gestiona más de 4.000 hectáreas y emplea a alrededor de 150 trabajadores, pero su estructura y objetivos difieren de los de un fondo de inversión financiero, lo que explica que no figure en el mismo nivel de análisis institucional.
El impacto en el modelo agrario aragonés
Las organizaciones agrarias alertan de que la expansión de los fondos de inversión en el campo puede alterar de forma irreversible el acceso a la tierra, encareciendo el precio de la hectárea y dificultando el relevo generacional.
El hecho de que el Gobierno de Aragón solo identifique a Prunus Nuts como fondo de inversión no disipa estas preocupaciones. Al contrario, refuerza la idea de que el fenómeno existe, aunque sea difícil de medir, y que el caso de esta empresa actúa como referencia para futuras decisiones regulatorias.
En este escenario, la anomalía de Prunus Nuts se mantiene como un punto de fricción entre el modelo financiero de explotación agraria y la estructura tradicional del campo aragonés, un debate que seguirá abierto mientras los fondos de inversión busquen espacio en la agricultura.