Decir ‘verdoso’ en estos días puede resultar sospechoso
Un autor cuyo nombre callo describe unos “setos verdes y frondosos” que intentaban decorar los lados de las aceras de cierto lugar “como centinelas verdosos”.
Es decir, los setos que se sembraron verdes acabaron siendo solo verdosos. A pesar de las diferencias de contexto, puedo imaginarlos, aunque a mí los setos me salen siempre de un verde intenso, definitivo y brillante.
Me detuve un rato a pensarlo. A la postre, lo importante para mí era la palabra verdoso por sí misma: la tengo presente porque me lleva al tiempo de mis redacciones escolares. Entonces, me ufanaba en secreto de creer que no componía mal, pero una vez empleé aquel término y me lo tacharon: la palabra no existía, era incorrecta, ¿de dónde la había sacado? Quedé muy confundido: no sabía de dónde, seguro que no la había inventado, ¿de veras era incorrecta?
Ahí quedó la cosa por muchos años; un diccionario habría aclarado la duda, pero mi escuela, ¡ay, mi escuela!, era muy modesta y no había ninguno a mano. De modo que asumí que estaba mal dicho porque la autoridad competente lo había asegurado, y nunca más, aunque a veces se ofrecía, volví a decir verdoso.
No es el único caso. Me pasó también con la palabra idiosincrático, que por lo visto el diccionario no autoriza. Aquí, en este periódico, una vez que la usé me corrigieron y en su lugar escribieron idiosincrásico, como Dios manda. Tenía mis dudas, pero callé. Tiempo después, leyendo no sé qué de Vargas Llosa encontré idiosincrático, tan orondo; de entonces acá no escribo ninguna de las dos.
Con el paso de los años, verdoso volvió a aparecer ocasionalmente en los textos, sobre todo en la ficción, sin que nadie, salvo yo, reparara en el asunto. Mi maestra de primeras letras, y esta es una de ellas, ya no está o no lo habría notado. Parece que la palabra puede ser válidamente usada para describir el fenómeno de la luz que se proyecta sobre un objeto logrando la sensación de un estado de ánimo que dista de ser optimista y alegre y, en cambio, es premonitorio, opaco y triste.
Pero en las actuales circunstancias, hay un problema peor con verdoso: pueden malinterpretarme y pensar que hablo de política, porque ahora cada vez que abro la boca suena como que hablo de política.
Carlos Arguedas Ramírez fue asesor de la Presidencia (1986-1990), magistrado de la Sala Constitucional (1992-2004), diputado (2014-2018) y presidente de la Comisión de Asuntos de Constitucionalidad de la Asamblea Legislativa (2015-2018). Es consultor de organismos internacionales y socio del bufete DPI Legal.