Durante años, la gestión del tráfico en las principales carreteras españolas
ha ido adaptándose a los cambios en la movilidad y al aumento del volumen de vehículos. La combinación de más desplazamientos, mayor presencia de transporte pesado y la
eliminación de peajes en algunas autopistas clave ha obligado a las administraciones a replantear cómo garantizar una circulación más segura y fluida.
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