Mourinho: "Por el Real Madrid pasarán los mejores del mundo. Arbeloa, sin ese perfil, dio todo lo que tenía y lo que no tenía"
José Mourinho y Álvaro Arbeloa se reencuentran bajo los focos de la Champions en el [[LINK:INTERNO|||Article|||68cc2a433361c100078b7fc6|||Benfica – Real Madrid]] de este miércoles. El destino ha querido el reencuentro de los dos amigos (como se demuestra en la carta que Mourinho le escribió en Marca cuando Álvaro Arbeloa se despidió del Real Madrid) se produzca en un momento de máxima tensión competitiva para el Benfica del técnico portugués, que se juega la supervivencia en la máxima competición europea, mientras que el Real Madrid llega revitalizado tras el impacto terapéutico que ha supuesto el aterrizaje de Arbeloa en el banquillo.
Arbeloa y Mourinho, dos amigos
Desde que asumió el cargo en sustitución de Xabi Alonso, Álvaro Arbeloa ha logrado lo que parecía una quimera hace apenas unos meses: estabilizar un vestuario agitado y enderezar el rumbo deportivo de la temporada. Ha devuelto al equipo una identidad de bloque que recuerda, precisamente, a la etapa en la que el propio Arbeloa era la extensión de Mourinho sobre el césped. Ahora, el maestro y el alumno aventajado se miden desde áreas técnicas opuestas, pero unidos por un vínculo que trasciende lo profesional.
La relación entre ambos nació y se forjó en Valdebebas, durante los tres años intensos en los que Mourinho lideró el proyecto blanco. Para el portugués, Arbeloa nunca fue un lateral más; fue su ejempo de compromiso. Esa conexión no se diluyó y el respeto mutuo quedó sellado para la posteridad en una carta que el actual técnico del Benfica escribió cuando Arbeloa decidió colgar las botas, un texto que hoy cobra una relevancia ante su enfrentamiento europeo.
Una carta inolvidable
En aquella misiva, Mourinho habló desde el afecto personal: «Arbeloa es un amigo, no es sólo un jugador para mí». El técnico luso, poco dado a los elogios gratuitos, explicaba entonces por qué el salmantino se había ganado un lugar privilegiado en su círculo de confianza: «¿Por qué razón un jugador se transforma en un amigo? Por ser un ejemplo de pasión por su profesión, de amor por su club, de dedicación a un grupo de trabajo y a sus objetivos, de la humildad y el honor en la relación con todos los que trabajan con él día a día».
Ese "honor" y esa "humildad" son los rasgos que Arbeloa ha intentado inyectar en su actual Real Madrid. Su llegada al banquillo ha servido para apaciguar las dudas que dejaron los últimos meses de la era anterior, logrando que el equipo recupere la fiabilidad competitiva. El Madrid ha cambiado para bien: es más sólido y, sobre todo, más consciente de lo que significa trabajar en equipo. Es probable que se pueda hablar de un equipo "arbeloista".
Mourinho, que ahora busca reconstruir su leyenda en Lisboa, recordaba en su carta la singularidad de Arbeloa dentro de la galaxia blanca. «En la historia de nuestro gigantesco club pasarán muchos de los mejores jugadores del mundo. Arbeloa no tiene ese perfil tan alto, pero es seguramente uno de los que ha dado al Real Madrid, a sus aficionados, a todos sus entrenadores y a todos sus compañeros todo lo que tenía y lo que no tenía», escribía el portugués. Esta reflexión define a la perfección la carrera de Arbeloa y, curiosamente, su irrupción como técnico: sin buscar el lucimiento personal, ha sabido dar al club lo que necesitaba en un momento de crisis.
El Benfica de Mourinho se la juega
Para el Benfica, el partido es una final. El conjunto llega con la obligación de puntuar para mantener sus aspiraciones de pasar de fase, una situación de presión extrema que Mourinho. Sin embargo, enfrente tendrá a alguien que conoce cada uno de sus trucos, cada uno de sus giros psicológicos. Arbeloa fue el soldado más fiel de la guardia pretoriana de Mou, el hombre que mejor entendió la mentalidad de "nosotros contra el mundo" que caracterizó aquella época en Madrid.
La gratitud de Mourinho hacia el hoy técnico madridista quedó patente: «Yo para Arbeloa sólo tengo palabras de agradecimiento. En mis 16 años de entrenador lo tengo, seguramente, en el podium de los jugadores mas importantes con los que he trabajado. Un buen jugador y un hombre excepcional». Que un técnico que ha dirigido a Balones de Oro y a leyendas mundiales coloque a Arbeloa en su "podium" particular habla de una conexión que va mucho más allá de los sistemas de juego.
El encuentro en Champions será, por tanto, un ejercicio de espejos. Arbeloa se enfrenta a su referente, al hombre que le enseñó que el liderazgo nace del ejemplo y de la protección del grupo. Por su parte, Mourinho se mide a su creación más lograda, a ese "hombre excepcional" que ha demostrado tener la madera necesaria para sentarse en el banquillo más exigente del mundo y cambiarle la cara a una temporada que parecía perdida.