El nuevo (des)orden mundial
En el contexto de Davos 2026, las discusiones han puesto de relieve la emergencia de un nuevo orden mundial que demanda un enfoque renovado hacia la cooperación internacional y el cumplimiento de normas claras en el ámbito del derecho internacional. A medida que el mundo se enfrenta a desafíos globales como el cambio climático, las crisis económicas y las tensiones geopolíticas, es imperativo que las naciones se alineen en torno a principios que promuevan la paz, la seguridad y el desarrollo sostenible.
El nuevo orden se caracteriza por la interconectividad económica, pero también por la necesidad de una gobernanza global que sea efectiva y legítima. La fragmentación del orden internacional actual, evidenciada por el aumento del nacionalismo y el proteccionismo, pone en riesgo los avances logrados en décadas de cooperación multilateral.
Una de las conclusiones más destacadas en Davos es que la comunidad internacional debe trabajar en la creación de un sistema de reglas que no solo sea equitativo, sino que también contemple las particularidades de cada país. Esto incluye el reforzamiento de instituciones con un papel crucial en la mediación de disputas y en la promoción efectiva de prácticas justas en el comercio y la política internacionales.
Es fundamental que se establezcan mecanismos de rendición de cuentas para aquellos que incumplen estas normas. Sin consecuencias claras para los infractores, la efectividad del derecho internacional se verá comprometida, y el riesgo de que los países actúen unilateralmente aumentará.
La construcción de un nuevo orden mundial requiere de un compromiso colectivo. La colaboración en la formulación de reglas claras y el respeto por el derecho internacional no solo son esenciales para la estabilidad global, sino que también son una inversión en un futuro más pacífico y próspero para todos.
Bajo el lema Un Espíritu de Diálogo, líderes mundiales y empresariales expresaron en Davos preocupación por el colapso del orden multilateral, describiéndolo como una ruptura y no una mera transición, y enfatizaron la necesidad urgente de respetar el derecho internacional para evitar un mundo regido por la ley del más fuerte.
El presidente Emmanuel Macron fue uno de los líderes más vocales en advertir sobre un cambio hacia un mundo sin reglas, donde el derecho internacional es pisoteado y la única ley que parece importar es la del más fuerte ante el resurgimiento de ambiciones imperiales. Macron apeló a rechazar la aceptación pasiva de la ley del más fuerte y posturas puramente morales que condenarían a la marginalización. En su lugar, defendió un multilateralismo efectivo que sirva a los intereses comunes y rechace el nuevo colonialismo. “Preferimos el respeto a los matones… y el Estado de derecho a la brutalidad”, llamando a Europa a unirse para defender industrias y normas internacionales.
El primer ministro canadiense Mark Carney destacó que el mundo está en medio de una ruptura, no de una transición, y que el antiguo orden basado en reglas no va a regresar, sosteniendo que el sistema que benefició a países como Canadá por décadas era una ficción sustentada en la hegemonía estadounidense y un multilateralismo colapsado debido a comportamientos extremos. Destacó que no se puede vivir en la mentira del beneficio mutuo cuando la integración se convierte en subordinación, proponiendo que potencias medianas actúen juntas para construir un nuevo camino, advirtiendo que “si no estamos en la mesa, estamos en el menú”.
China se pronunció en contra de un retorno a la ley de la selva, enfatizando la necesidad de reequilibrar el orden global con mayor cooperación para corregir desequilibrios y criticó la coerción económica, llamando a un sistema donde las reglas se respeten universalmente, no selectivamente.
Directivos de empresas globales enfatizaron invertir en resiliencia y normas internacionales para fomentar crecimiento inclusivo, alineándose con líderes políticos en la necesidad de reglas predecibles.
En general, el consenso en Davos 2026 nos reitera que el orden basado en reglas está en crisis debido al unilateralismo, a invasiones y conflictos armados y a presiones de corte imperial, apelando a restaurar el respeto al derecho internacional como base de un nuevo orden multipolar.
Los últimos doce meses nos han mostrado con mayor crudeza que hemos estado en presencia de un proceso de desgaste de las reglas y las instituciones que habíamos conocido, o pretendido conocer, durante las últimas décadas.
En este sentido, Davos nos traza un punto de inflexión y propone nuevas alianzas de carácter pragmático y un multilateralismo renovado, con o sin el liderazgo de las potencias tradicionales.