Matsushige salió de casa con dos rollos de película, 24 exposiciones. Solo pudo disparar siete veces. Cinco imágenes fueron revelables. Son las únicas que se tomaron en la ciudad el día del bombardeo. El horror ante sus ojos lo bloqueó: cuerpos calcinados, niñas heridas, policías desfigurados, cadáveres por todas partes, la destrucción absoluta. «Era todo tan cruel que no pude disparar más –escribió–. El visor se me empañaba por las lágrimas». Además, le preocupaba que las víctimas se sintieran humilladas por ser fotografiadas. Matsushige reveló los negativos veinte días después, de noche, en secreto, junto a un arroyo tomado por la radiación. Cuando se conoció la magnitud del desastre, periódicos y agencias enviaron equipos desde Tokio, Osaka y otras ciudades....
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