Al sanchismo se le están viendo, contra pronóstico, las costuras. Su coreografía de las últimas horas delata que hay pánico. Los maestros del relato, persuadidos de que la narrativa política es una guerra de trincheras que ellos van a ganar siempre, de pronto se están viendo acorralados tras la tragedia de Adamuz, donde se desvanece la idea de la fatalidad accidental y se abre paso la percepción de una gestión incompetente bajo la sombra de la mentira y el eco de la corrupción. Y han activado la maquinaria para sacar el foco de ahí, precipitando el decreto de regularización, regresando al filibusterismo parlamentario ómnibus… y paralelamente han llevado a Óscar Puente a Moncloa, para que el supervillano de Twitter escenificara...
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