La Armada Española despliega cinco fragatas en el Estrecho ante un escenario de amenazas cada vez más complejo
Desde el 26 de enero, la Armada Española desarrolla un amplio despliegue naval en el golfo de Cádiz, el Estrecho de Gibraltar y el mar de Alborán. La operación forma parte del ejercicio MAR-26, un adiestramiento avanzado diseñado para evaluar la respuesta de una Fuerza Naval ante situaciones de alta complejidad. La información oficial ha sido difundida por el Ministerio de Defensa y la Armada Española.
El escenario elegido no es casual. El Estrecho concentra una presión operativa constante por su relevancia geoestratégica y por la coexistencia de amenazas convencionales y asimétricas que obligan a mantener un alto nivel de vigilancia y preparación.
El dato clave del despliegue es la participación simultánea de cinco fragatas, pertenecientes a dos de las principales escuadrillas de escoltas de la Armada, integradas en una única agrupación naval con capacidades ampliadas de mando, defensa aérea y guerra antisuperficie.
Un ejercicio diseñado para escenarios reales
El MAR-26 ha sido concebido como un ejercicio multidisciplinar que reproduce situaciones presentes en conflictos actuales. Entre ellas destacan las operaciones contra amenazas híbridas y el uso intensivo de tecnologías no tripuladas en el ámbito marítimo.
Defensa frente a sistemas no tripulados
Uno de los ejes del adiestramiento es la defensa frente a vehículos no tripulados, tanto aéreos como de superficie y submarinos. Este tipo de amenazas, englobadas bajo el concepto C-UXV, han demostrado su eficacia en conflictos recientes y obligan a adaptar doctrinas, sensores y sistemas de armas.
Lecciones extraídas de conflictos actuales
El planeamiento del ejercicio incorpora técnicas observadas en escenarios como el mar Negro, donde la guerra naval ha evolucionado rápidamente. La integración de estas lecciones permite a la Armada ajustar sus procedimientos a un entorno operativo en constante cambio.
Las fragatas desplegadas en el Estrecho
La agrupación naval está compuesta por tres fragatas de la 41ª Escuadrilla de Escoltas y dos de la 31ª Escuadrilla de Superficie. En conjunto, aportan capacidades complementarias que refuerzan la protección del grupo y su capacidad de proyección.
- Fragatas clase Santa María, especializadas en escolta y control marítimo.
- Fragatas clase Álvaro de Bazán, dotadas de avanzados sistemas de combate y defensa aérea.
Estas unidades operan habitualmente en misiones internacionales, tanto en despliegues de la Unión Europea como en agrupaciones permanentes de la OTAN, donde en numerosas ocasiones ejercen funciones de buque de mando.
Apoyo aéreo y cooperación internacional
El ejercicio no se limita al ámbito naval. La dimensión aérea es clave para generar un entorno operativo realista y exigente.
Participación de aeronaves aliadas
Aviones de patrulla marítima de la Fuerza Aérea portuguesa participan como capacitadores, reforzando la cooperación entre países aliados y su interoperabilidad en operaciones de vigilancia y guerra antisubmarina.
Helicópteros y sistemas no tripulados
La Flotilla de Aeronaves de la Armada aporta helicópteros embarcados, a los que se suman unidades de la Marina de Estados Unidos con base en Rota. Además, intervienen sistemas no tripulados del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial y de centros especializados en experimentación.
Más de mil militares en un único escenario
El conjunto de fuerzas participantes supera las 1.100 personas. Esta concentración de medios humanos y materiales permite recrear situaciones de alta intensidad y evaluar la coordinación entre unidades de distintos ejércitos y países.
El mando y control del ejercicio recae en la 41ª Escuadrilla de Escoltas, con su comandante embarcado en una de las fragatas que actúa como buque de mando, desde donde se dirige la planificación y ejecución de las operaciones.
Escalas previstas en puertos españoles
Como parte del despliegue, varias de las fragatas realizarán escalas en puertos nacionales. Estas paradas permiten reabastecimiento, descanso de las dotaciones y refuerzan la presencia institucional de la Armada en el litoral mediterráneo y andaluz.
El ejercicio MAR-26 confirma el papel del Estrecho de Gibraltar como un punto clave para la seguridad marítima de España y subraya la capacidad de la Armada para operar de forma sostenida frente a amenazas cada vez más complejas, combinando medios propios y aliados en un entorno estratégico de máxima exigencia.