Cientos de personas esperaban este jueves a media mañana, banderines en mano, a las puertas de la Consejería de Agricultura y Ganadería, en Valladolid. Pacientes bajo una lluvia llorona, los manifestantes aguardaban la llegada de la 'caballería', un cortejo en el que fuentes policiales han contado hasta 473 tractores y que había empezado a desfilar tras concentrarse en el estadio José Zorrilla. La primera de las máquinas arrastraba un remolque. En él, un ataúd con epitafio: «El campo se muere, llega el hambre». La protesta se escenificaba así en la ciudad del Pisuerga, con pitadas y carteles contra los recortes en la Política Agraria Común (PAC) y, sobre todo, esta vez, contra el acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur . Muñecos ardientes con el rostro tanto del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, como del líder del PP, Alberto Nuñez Feijóo, hacían extensivo el reproche a políticos de todo color y pelaje, pues también prendieron peleles con el rostro de ministros, con el de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, o el del presidente de la Junta, Alfonso Fernández Mañueco. La imagen de las protestas se ha replicado en el resto de capitales de Castilla y León -salvo Ávila y Segovia (esta última se manifestará el 2 de febrero)- en lo que las organizaciones agrarias tildaron de «movilización histórica» en una rara, por insólita, «unidad de acción» que ha inundado de tractores León, Burgos o Zamora. Por ahora, y después de muchas vueltas, el trato comercial entre la Unión Europea y la alianza de estados iberoamericanos que es Mercosur se vio paralizado hace unos días por el Parlamento Europeo, pero el sector agrario se muestra decidido a que no se firme si es en su estado actual, ya que sería «la puntilla», consideran. Esto motiva a que las organizaciones hayan enterrado sus diferencias y hayan fijado un calendario de protestas 'todos a una', promoviéndolas tanto desde Asaja como en COAG, UPA, UCCL y Unaspi. «El campo es nuestra vida y estamos viendo que se muere» , resume Conrado Mateo a pie de calle. «Estamos vendiendo a unos precios comparables a los de los ochenta», dice. Él y su amigo Jesús Berrojo cuentan que cultivan cereal o girasol en Quintana Redonda, un municipio a unos kilómetros de Soria. Desde allí se desplazaron a Valladolid porque consideran que el pacto «para el sector de los coches estará muy bien, pero en agricultura salimos perdiendo». «Jugamos en distintas ligas», compara Berrojo, que «con todos los respetos a los agricultores de allí», sostiene que «ellos pueden usar otros productos y se miden con otros controles», lo que lo desequilibra la balanza, detalla. Y no se trata sólo de que ellos se vuelvan «conejillos de indias», porque ambos aseguran que se notará en la cesta de la compra: «Va a estar más caro y será de peor calidad», sentencian. El miedo a que el megacuerdo reviente el mercado en detrimento de los pequeños productores se extiende entre los manifestantes. También a que permita la entrada de comida «hormonada» a precios más bajos y desplace al producto local, expresa, por ejemplo, la pareja compuesta por María y Pedro, que ha viajado a Valladolid desde Ayllón (Segovia) . 140 kilómetros «para ver si se consigue algo» porque remarcan que entre el tijeretazo a las ayudas agrícolas europeas y lo que se anuncia con Mercosur se viene «la ruina de España». «Nos están asfixiando, lo que compramos está por las nubes y lo que vendemos, por los suelos», afirman. «Que nuestra alimentación dependa de otros países es peligroso», señala el joven Darío, del municipio vallisoletano de Urones de Castroponce . Viene con sus padres, casualmente otros María y Pedro, agricultores al frente de una explotación de secano en la que él también querría implicarse. Su padre, sombrío, explica el por qué de las quejas, contra «la doble moral de Europa». «Este acuerdo nos afecta por la competencia desleal con un continente con normativas y salarios diferentes», marca, para apuntar también a que la maquinaria que los agricultores y ganadores adquieren en la UE tiene que respetar ciertas restricciones medioambientales a las que su contrapartida en este pacto no está obligada. «No nos oponemos a esas restricciones, pero Europa viene con exigencias, reduce los incentivos y dice que las cláusulas espejo no son posibles», lamenta Pedro. En lo político, hasta ahora «todos vienen con buenas palabras, pero necesitamos actos». Con cierta «desesperación» miran también la situación Ángel y Lidia Chico, un padre y su hija venidos de El Carpio , al sudoeste de la provincia de Valladolid porque «lo de Mercosur nos va a hacer polvo y habrá que rebelarse de alguna forma», dice él. «Como este sea mi futuro...», sacude la cabeza la joven, que estudia ingeniería agrícola. Bajo la lluvia, que arrecia, cuenta que aspira a ocupar un lugar al lado de su progenitor, que se dedica a las patatas, el cereal, la colza y los viñedos. Y sin embargo, teme que, antes de que eso llegue, un negocio así «se pierda». Para más inri, la incomprensión del resto de la sociedad: «No se está entendiendo lo que pasa» , asegura Lidia. «Yo hablo con amigos que van al súper y no conectan lo que hay ahí con lo que sale del campo», ejemplifica. A Ángel, que piensa en esas protestas que «en Francia paralizan a un país entero», le preocupa que las tractoradas no basten para hacer recular a España y se queden en un dolor de cabeza para los conductores de este jueves. Porque, si bien los manifestantes habían pedido disculpas de antemano por las molestias, lo cierto es que atascar el tráfico fue la manera de visibilizar su descontento. La frustración se plasmó en lemas como «Tu salud es lo que comes y viene del campo» o «No somos ni de izquierdas ni de derechas, somos los de abajo». Si en Valladolid los tractores se han paseado hasta la tarde, congestionando las arterias de la ciudad, las movilizaciones hermanas en otras provincias no se quedaron atrás, según datos de sus respectivas subdelegaciones del Gobierno. En León , 350 tractores y unas 2.000 personas han reivindicado también una agricultura «digna». Otras 350 máquinas y un millar de personas hicieron lo propio en Zamora -en la que se ha escenificado la rabia con patatas desparramadas en plena vía pública- y unos 400 vehículos agrícolas, entre los que han estado más de 350 tractores, han respaldado otra tractorada «masiva» en Salamanca . Los cláxones de los grandes vehículos también han sonado en Burgos , donde la protesta ha contado con la entrega simbólica de 5.000 kilos de patatas en la plaza del Cid, donde la presidenta de la Unión de Campesinos de Burgos (UCCL), Susana Pardo, ha pedido perdón a los ciudadanos por el caos, pero también que se pusieran de su lado. Los agricultores sorianos también han emulado un funeral del sector primario, con ataúdes y cruces junto a sus tractores. Palencia ha optado por una tractorada infantil, protagonizada por pequeños montados en réplicas de juguete, recoge Ical. La protesta, que ha congregado a unas 1.100 personas según fuentes policiales, ha finalizado con un manifiesto leído por dos niños, que ha destacado que «con las cosas de comer no se juega» para reclamar que las decisiones políticas dejen de poner en riesgo la producción local y la calidad de los alimentos.