El otro rostro de la vida religiosa: ni hábito ni convento
Ni caída del caballo ni éxtasis propio de la iconografía mística teresiana. Lo de Mar tiene menos sobresaltos infartables. En lo suyo no hay luces de neón. Simplemente, un proceso. Es así como expresa cómo pasó de ser algo más que una licenciada en farmacia para convertirse en religiosa de Jesús-María, una congregación nacida en el siglo XIX de la mano de la emprendedora santa francesa Claudina Thévenet.
«No había visto a una monja en mi vida, es más, tenía un imaginario que me generaba rechazo y que no se corresponde con lo que hoy sé que es una religiosa. Para mí era como algo que implicaba encerrarse, solo renuncias y una ascesis un poco extraña. Pero en cuanto comencé a convivir con mis hermanas y vi cómo era su día a día, descubrí que eran normales», comparte esta madrileña de 40 años, que en octubre hizo sus votos perpetuos, o lo que es lo mismo, se consagró de por vida. Pero sin hábito ni convento. Porque Mar vive con sus cuatro hermanas de comunidad en un piso. Con ellas comparte lo cotidiano, desde la oración hasta las comidas, también las inquietudes del colegio que tienen encomendado en García Noblejas. Allí Mar da clases de Física y Química y Religión a Secundaria, Bachiller y un grado medio.
«No creo que una manera de vestir o un edificio determine tu compromiso. La coherencia de vida ha de ser nuestro hábito». Con esa misma naturalidad afronta el sentido del voto de castidad que no lo vive como una losa: «Nos ofrece una disponibilidad para el amor universal diferente al de una familia. Ni mejor ni peor, simplemente distinto».
Mar López es el rostro de la nueva generación de una realidad minoritaria de mujeres que dan un «sí» a Dios, al mismo ritmo que sus coetáneos, retrasando más su edad de emancipación a la hora de responder a la pregunta que sirve como lema de la Jornada Mundial para la Vida Consagrada que se celebra mañana: «¿Para quién eres?».
«Crecí en una familia cristiana, estudié en los marianistas y después me integré en una comunidad de fe de los jesuitas. Entonces fue creciendo en mí una ansiedad de compromiso con el mundo, de mayor entrega, una sede de plenitud». Con 22 años ya se planteó seriamente ser religiosa. «Estuve a punto de entrar, incluso se lo comuniqué a mi familia, pero me dio mucho miedo y prácticamente salí corriendo».
De Estados Unidos a Indonesia
Entonces, optó por rematar su formación y se puso a trabajar en el sector de los ensayos clínicos, con lo que implica moverse en el ámbito de la industria farmacéutica. De las 52 semanas del año, se pasaba más de treinta viajando por todo el mundo, con la exigencia propia de su responsabilidad, pero también con los desplazamientos y hoteles en modo business. Estados Unidos, Indonesia, Australia… «Me dio una visión universal, pero también comencé a caer en los contrastes de nuestro mundo. Especialmente cuando iba a la vez por trabajo a la India a todo lujo y luego me plantaba de voluntaria en Calcuta con lo justo. Fue entonces cuando se despertó otra vez mi mundo interior». Ese runrún de Mar se clarificó durante unos ejercicios espirituales. «De nuevo se abrió esa puerta que había dejado ahí y sentí con más claridad que Dios me llamaba, empecé a poner palabras a lo que sentía. No fue de un día para otro, de nuevo en lo ordinario fui confirmando el deseo de entregarme a los demás, de seguir a Jesús».
Así fue como diez años después de su primer intento, ingresó en el postulantado de Jesús-María. Se inició así un tiempo de ocho años de formación y discernimiento que le permitió ir despejando dudas. «Fue la experiencia de un Dios que nos quiere libres y que no impone nada. Al final, hacer la voluntad de Dios tiene mucho que ver con escuchar, con contemplar, con descubrir, con respetar ritmos… Al final es una experiencia del amor de Dios para dar sentido a tu vida, entendida como servicio a los demás», comenta.
«En mi familia siempre ha habido un respeto y apoyo incondicional, dentro de un dolor contenido porque es normal que lo afronten en un primer momento como una pérdida, con las dudas ante lo desconocido, con el miedo a que yo me equivocara y no fuera feliz…», reconoce Mar, si bien admite que fue en el trabajo donde «chocó muchísimo» su decisión. Sin embargo, ahora que echa la vista atrás ve cómo su paso hacia adelante también sirvió para interpelar a sus compañeros no creyentes. En el intento de interpelar a la juventud ve fundamental un acompañamiento integral cuando se plantea cualquier pastoral vocacional: «Los problemas de salud mental, de autolesiones y suicidio lamentablemente están ahí y creo que debemos aprender a abordarlos con ellos con más soltura». En ese tú a tú, no aprecia que el tirón de «Lux» de Rosalía o el éxito de la película «Los Domingos» de Alauda Ruiz de Azúa se vaya a traducir en una riada de candidatas en su congregación, o en cualquier otra, de aquí a mañana.
«Creo que vivimos en un momento de la Iglesia en el que se ha tocado fondo en lo que a la desconexión con la sociedad se refiere, pero sí constato que en los jóvenes brotan algunas preguntas existenciales, un movimiento interior de búsqueda, de necesidad de sentido», comparte, sabedora de que «la dimensión espiritual del hombre es antropológicamente esencial». Desde ahí, cree que es el momento de «interpelar a estos jóvenes desde el testimonio y el acompañamiento para que esas intuiciones que parecen mostrar no se pierdan».