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La ruina de las pensiones: arrastran un agujero de más de medio billón de euros en 15 años

El gasto en pensiones sigue disparado y aumenta, con monotonía y firmeza, mes tras mes. En enero, la Seguridad Social abonó 14.251 millones de euros en prestaciones contributivas y no contributivas. Eso significa que a finales de 2026 la cifra acumulada de todo el ejercicio superará los 219.667 millones de gasto de 2025, según los datos de un primer avance. Las cifras son mareantes, de difícil imaginación y casi imposibles de comprender.

En los últimos 20 años, la diferencia entre los gastos contributivos y los ingresos de la misma naturaleza de la Seguridad Social asciende a la fabulosa cantidad de 540.613 millones de euros, es decir, más de medio billón, con «B» de barbaridad o burrada. Hay más números que abruman. En el mismo periodo, el erario público ha tenido que apoquinar 471.104 millones de euros para cuadrar lo que, en definitiva y para que todo el mundo lo entienda, son las cuentas de las pensiones. A esas magnitudes, para casi todos inconmensurables, habría que añadir otros 102.138 millones de euros de deuda que la Seguridad Social tiene contraídos con el Estado a finales de 2025 y que, en la práctica, es como si estuvieran apuntados en la «barra de hielo», ya que no existe ninguna previsión razonable de que sean pagados.

Ángel de la Fuente, director de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), quizá el «think tank» –pensadero o centro de estudios– más prestigioso de España, con reconocimiento internacional, acaba de publicar el informe titulado «Las cuentas de la Seguridad Social ampliada. Series 2005-2025». Incluye un análisis breve y un adelanto de los datos del cierre de 2025, pero sobre todo incorpora las cifras y series de los distintos epígrafes de las cuentas del sistema desde 2005 a 2025.

El sistema solo se sostiene por los ingresos del Estado procedentes de impuestos y deuda

Una recopilación minuciosa y académica, pero que es una radiografía con perspectiva histórica de la evolución de la Seguridad Social en estos 20 años. Entre paréntesis, hay que insistir en que es el sistema que se encarga de recaudar las cuotas de trabajadores y empresas y de abonar las prestaciones por jubilación, ya sean de naturaleza contributiva –para quienes han cotizado– como no contributiva, que beneficia a quienes, por la razón que sea, nunca cotizaron o no lo hicieron en la cuantía y el tiempo necesarios para tener acceso a una prestación. La Seguridad Social, por otra parte, desde hace decenios está desvinculada de la sanidad pública, aunque el acervo popular hable de ella cuando se requiere atención sanitaria. Es algo que, incluso, algunos políticos no acaban de tener claro.

Las series históricas de datos elaboradas por el director de Fedea son una fuente inmensa y casi inagotable, y ofrecen una película de la evolución de la Seguridad Social y, sobre todo, del sistema de pensiones desde principios de siglo. Todo ha cambiado de forma drástica en los últimos años y hay poco lugar para la sorpresa. Los expertos, al principio del milenio, ya aventuraron, con bastante precisión –aunque solo fuera por una vez–, lo que ocurriría.

El tiempo les ha dado la razón, y la Seguridad Social y el sistema de pensiones, en términos financieros, están quebrados desde hace años. La historia, sin embargo, es interesante y quizá explique cómo los sucesivos gobiernos, desde el de José María Aznar hasta el de Pedro Sánchez, incluidos los intermedios de Rodríguez Zapatero y de Mariano Rajoy, han gestionado la situación. El único que intentó racionalizar el sistema para hacerlo viable desde el punto de vista financiero fue el de Rajoy, pero tuvo que claudicar ante la presión política y social y, desde entonces, nadie quiere agarrar por los cuernos ese toro. El resultado es un gasto superior en más de medio billón a los ingresos y al que el erario público ha tenido que destinar, del dinero recaudado con los impuestos de todos los ciudadanos, casi otro tanto a cubrir los agujeros de las cuentas de las pensiones, las no contributivas y también las contributivas.

Los números de Ángel de la Fuente son muy reveladores y lo explican casi todo. En 2005, el primer año incluido en el informe, el gasto en pensiones –en el que también se contabilizan los gastos de administración– fue de 107.258 millones de euros. Los ingresos, al mismo tiempo, en la práctica casi todos por cotizaciones sociales, fueron de 115.090 millones de euros. Es decir, el sistema de la SS, las cuentas de las pensiones, tuvieron un superávit de 7.832 millones de euros. Eran los años de la «exuberancia irracional» de la que hablaba el entonces presidente de la Reserva Federal estadounidense, Alan Greenspan, y en España se vivía la euforia posterior a la entrada en vigor de la moneda única europea. También eran los tiempos del auge del ladrillo. Una España que, en muchos aspectos, era la envidia de Europa. Aquel año, fruto de los superávits anteriores, el Fondo de Reserva de las Pensiones, más conocido como «la hucha de las pensiones», guardaba 32.784 millones de euros, invertidos en su práctica totalidad en deuda pública, ya que hacerlo también en los mercados de valores, como han hecho todos los grandes fondos soberanos del mundo, se consideraba especulativo y arriesgado.

Desde 2005, los gastos han crecido un 93%, mientras que los ingresos apenas han subido un 32%

El mundo feliz para el sistema de pensiones –más allá de las alertas de los expertos– duró, según las series históricas de datos, hasta 2010. El mejor momento fue, sin duda, 2008, cuando el saldo contributivo –diferencia entre ingresos y gastos por cotizaciones– alcanzó un máximo de 11.319 millones. Fue el ejercicio récord de un quinquenio excepcional, porque el saldo positivo fue de 9.850 millones en 2006, de 9.890 en 2007 y de 5.173 en 2010. En ese ejercicio, los ingresos contributivos–cotizaciones– llegaron a los 129.560 millones, mientras que los gastos –pago de pensiones casi en su totalidad– se quedaron en 124.387 millones. Gracias a eso, la «hucha de las pensiones» engordó hasta los 69.939 millones. Todo empezó a complicarse en 2010. Aquel año, el Gobierno de Rodríguez Zapatero no tuvo más remedio que aceptar que la economía española estaba en crisis, y en una crisis profunda. El sector inmobiliario se hundió, el paro se disparó y España inició una senda que la llevó al borde de la intervención y el rescate total –se rescató a las cajas de ahorros– por parte de la UE.

El año 2010, por otra parte, registró el primer saldo negativo –déficit– moderno en las cuentas de la Seguridad Social, cuando cerró con unos números rojos de 1.167 millones, irrelevante. Tres lustros después, el agujero se ha multiplicado por nada menos que ¡46!, al alcanzar los 54.261 millones de euros de saldo contributivo negativo en 2025, una cifra que se eleva a 69.783 millones de euros en el saldo básico del llamado «Sistema de la Seguridad Social ampliado», según los cálculos del avance de Ángel de la Fuente. Desde 2010, las cuentas de la Seguridad Social son la historia de un déficit creciente, año tras año, con la excepción anecdótica –desde el punto de vista financiero– de 2022, ejercicio en el que los números rojos contributivos, de 47.727 millones de euros, fueron inferiores a los del año anterior. Luego volvieron a crecer hasta llegar a las cifras actuales.

La gran pregunta, con esos números encima de la mesa, es: ¿cómo es posible que el sistema todavía funcione? Todavía más, ¿cómo es posible que el Ministerio de la Seguridad Social, que dirige Elma Saiz, llegue incluso a defender la solvencia de esas cuentas? La respuesta es muy simple. En 2025, por ejemplo, se han contabilizado como ingresos 52.239 millones procedentes de «transferencias corrientes del Estado» –el nombre técnico–, que no son otra cosa que aportaciones del erario público para que salgan los números y se puedan pagar las pensiones. Ese dinero procede de los impuestos y del endeudamiento, y en los últimos 20 años suma la también fabulosa cantidad de 471.104 millones de euros y se ha multiplicado por 10. Por otra parte, la progresión de ingresos y gastos contributivos es perversa. Mientras que los gastos –pago sobre todo de pensiones– han crecido desde 2005 un 93,04%, los ingresos contributivos lo han hecho apenas en un 32%. El sistema de pensiones, obvio, está quebrado desde el punto de vista financiero. Sus defensores alegan la legitimidad de recurrir a los impuestos para sufragar las pensiones y ponen de ejemplo a otros países, pero eso no impide que los gastos sean cada vez mayores que los ingresos y que todo eso conduzca a un futuro más que incierto.

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